Durante la guerra entre Constantino I y Majencio, tuvo lugar una batalla al comienzo de la invasión de la Península Italiana frente a las puertas de la ciudad romana de Augusta Taurinorvm (la actual Turín). En la cual, los 40.000 hombres de Constantino se enfrentaron a una fuerza de 100.000 hombres leales a Majencio (seguramente, la cifra real sería entorno a unos 50-60.000 hombres) que, lejos de ser una tropa desorganizada, conformaba un ejército fuertemente preparado y equipado. Muchos de ellos eran soldados que habían desertado de las tropas de Galerio y Severo II pocos años atrás, juntos con guarniciones del norte de Italia, y lo mas letal de todo, la caballería pesada imperial, los llamados catafractos. Verdaderos jinetes acorazados montados en bestias igualmente protegidas que acometían y aplastaban a todo enemigo que se interponía a su paso, dicen que cuando los catafractos cargaban, temblaba la tierra y los corazones de sus victimas, pero llegaba Constantino y su ingenio.

Al comienzo de la batalla, Constantino sabía que debía detener a la caballería enemiga a toda costa, y para ello ordenó lanzar a su caballería contra los flancos del ejército de Majecio, más vulnerables que el centro y equipó a sus jinetes con hachas largas y mazas para desmontar todo enemigo a caballo y sembrar la confusión entre las huestes enemigas.

Fue en este momento, cuando mandó a sus tropas de infantería, de la manera más violenta a desmontar a los catafractos de Majencio. La vanguardia de la infatería de Constantino la conformaban legiones procedentes de la frontera del Rihn y los lanciarii de élite del ejército. Fueron equipados con una armadura que Lactancio, secretario cristiano del emperador y el autor de una biografía del mismo no logró distinguir, pues no la había visto anteriormente. Lo que vio fue como los infantes acorazados con dicha armadura, mazas y hachas desmontaron a mamporro limpio a los jinetes pesados y en una brutal refriega los pusieron en fuga hasta las puertas de la ciudad de Turín. La ciudad, que vio la victoria de Constantino, no abrió las puertas a los supervivientes del ejercito de Majencio y finalmente estos fueron masacrados a las puertas de la ciudad cuando sus acorazados perseguidores les dieron caza.

Recreador de la Legio VII Gemina Cohors VI Lemavorvm portando con equipamiento tardio una lorica segmentata.
Recreador de la Legio VII Gemina Cohors VI Lemavorvm portando con equipamiento tardio una lorica segmentata.

Una vez que la batalla tornó a su fin y Constantino entró en la ciudad aclamado como “libertador”, Lactancio le preguntó al emperador por aquella armadura que le había parecido tan curiosa y su Augustvs le respondió que se trataba de una protección usada tiempo atrás por las legiones, en otra época pasada y que le pareció útil para aquella campaña. Constantino se refería a la que actualmente se conoce como lorica segmentata, posiblemente el modelo Newstead y que años atrás había caído en desuso en favor de la cota de malla y otras protecciones como la lorica squamata o la lamellar.

Siempre se dijo que esa armadura no fue usada en la Antiguedad Tardía, al igual que muchos historiadores detractores de esta etapa de la historia tildaban al ejército romano tardío como una horda más de bárbaros que de legionarios romanos, mal equipados y mal organizados. Nada más lejos de la realidad, el ejército imperial del siglo IV era tan efectivo como sus predecesores, solo tras años y años de desgaste, invasiones y guerras internas fue cediendo su poder. De igual manera y pese a que a finales del siglo III se ordenó reequipar a las tropas con nuevos equipos, los equipos antiguos, al igual que se ha hecho durante toda la historia bélica eran reutilizados si la necesidad se hacía notar.

Al enviar Constantino a Italia a legiones destacadas en el limes, cuyo emplazamiento seguramente llevaba fijo durante siglos, al igual que sus cuarteles y armeros, mucho equipo “anticuado” estaba allí listo para ser reutilizado según que ocasión.
En esta batalla, donde las loricas segmentatas ofrecen protección frente a impactos dados de arriba a abajo, cayendo en los hombros, eran protecciones ideales, más que otras más ligeras y menos efectivas, así que pese a que eran ya equipos obsoletos, pudieron usarse más veces que en esta batalla si las necesidades lo requerían y las tropas las portaban en sus bagajes.

Es muy improbable que un ejercito en campaña del siglo IV portara loricas segmentatas de manera habitual, pero durante las campañas de Juliano en la Galia, donde los arsenales de las legiones que durante siglos allí estaban acantonadas pudieran ser rescatadas para alguna ocasión concreta.

Hay restos de crónicas de la campaña persa de juliano donde unidades romanas portaban “loricas pesadas” que pudieron ser segmentatas debido a que generalmente para referirse a cotas de malla u otras armaduras simplemente las denominaban “lorica” sin hacer incapié en que fueran o no pesadas.
De un modo u otro sabemos, gracias a que en infinidad de cuarteles han aparecido cajas con restos de estas armaduras, que estaban en armeros y arsenales y es más que posible que la anécdota de la batalla de Turin no fuera la ultima vez que las tropas romanas usaran su celebre armadura.

Como bonito broche de esta batalla, reflejamos la más que soberbia ilustración de la editorial Osprey donde legionarios romanos equipados con loricas segmentatas y cascos del tipo Burgh Castle arremeten contra los jinetes pesados de Majencio a las puertas de Turín.

Iago Rodríguez Díaz. Licenciado en Historia por la UNED. Doctor en Historia por la Universidad Complutense con la tesis doctoral acerca de “Los ejércitos romanos desde la monarquía etrusca hasta la caída de Occidente y su repercusión en la mentalidad militar”. Militar de Carrera y miembro del grupo de reconstrucción histórica “Legio VII Gemina Cohors VI Lemavorvm“.

6 Comentarios

  1. Para saber más de loricas segmentatas en el siglo IV d.C. conviene echar un vistazo al trabajo de “Las armaduras segmentadas (loricae segmentatae) en los yacimientos romanos de la provincia de León. Un estudio de conjunto” de Joaquín Aurrecoechea Fernández. Universidad de Málaga (2007).

  2. Una pregunta. La conversación entre Constantino y Lactancio sobre las armaduras nos ha sorprendido. ¿En que fuente se puede ver y consultar? Es que somos un grupo que trata el Bajo Imperio en particular y no atinamos a ver la fuente. Hemos mirado Eusebio, Zósimo, el propio Lactancio, etc y nada. Ya nos dices amigo.

    • Nos responde nuestro autor que debería de mirarlo, pero que:

      “Hay una crónica de Lactancio en primera persona acerca de la guerra entre Constantino y Majencio donde hace un montón de apuntes de la campaña y siempre empezaba con “pregúntele al emperador…..””.

      Cree recordar que estaba en la obra “Crónica de la guerra de Italia”, una obra no publicada en ese momento por estar incompleta.

  3. A ver si nos dice algo más y nos da alguna referencia para la consulta. Ya que no nos suena de nada esa crónica de Lactancio y mirando no hemos encontrado absolutamente nada.

  4. Hola. Una pregunta: cuando el autor afirma: “Hay restos de crónicas de la campaña persa de juliano donde unidades romanas portaban “loricas pesadas” que pudieron ser segmentatas”, ¿A qué crónicas se refiere? He estado mirando y no he encontrado esa información en ningún documento (Ni Amiano, ni Sócrates Escolástico, ni Sozómeno…), por lo que, como Dr. en Filología Clásica e investigador sobre la Antigüedad Tardía, me interesa mucho conocer la referencia concreta para poder trabajar. Un cordial saludo.

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