Bajas producidas en el Ejército entre quienes se mostraron en desacuerdo con la proclamación de la I República

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El tránsito de una Monarquía frágil al ensayo republicano

En general se produjo dentro de una normalidad en la que tuvo que ver, la actitud tranquilizadora de la Circular que el ministro de Gobernación, Pi y Margall, envió a los gobernadores civiles el 13.02.1873, dos días después de la proclamación, y que publicada en La Correspondencia de España, el día 15, manifestaba que el nuevo régimen se había establecido “[…] sin sangre, sin sacudimientos, sin la menor alteración del orden; y sin disturbios conviene que se sostenga para que acaben de desengañarse los que la consideraban compañera inseparable de la anarquía”.

En esta Circular se insistía en la necesidad de mantener el orden, pero sin menoscabar los derechos ciudadanos.

Orden, Libertad y Justicia: tal es el lema de la República. Se contrariarían sus fines si no se respetara e hiciera respetar el derecho de todos los ciudadanos, no se corrigieran con mano firme todos los abusos y no se doblegaran al saludable yugo de la ley todos los frentes. Se los contrariaría, también, si no se dejara ancha y absoluta libertad a las manifestaciones del pensamiento y la conciencia; si se violara el menor de los derechos consignados en el título I de la Constitución de 1869.

Asimismo, se les recordaba el nuevo marco legal de libertades y de elecciones libres y sin fraudes en el que debían ejercer su mando, para no defraudar las legítimas aspiraciones del pueblo.

Conviene no olvidar que la insurrección dejó de ser un derecho, desde el momento en que, universal el sufragio, sin condiciones la libertad y sin el límite de la autoridad real la soberanía del pueblo, toda idea puede difundirse y realizarse sin necesidad de apelar al bárbaro recurso de las armas […] no se repetirán en los próximos comicios las ilegalidades de otros tiempos. No se cometerán ya las coacciones, los amaños, las violencias, los fraudes que tan-to falsearon otras elecciones; no quedará por lo menos sin castigo el que los cometa. […]

Sus discursos eran pacificadores y tranquilizantes para todos y de manera especial para el Ejército, pero, evidentemente, los nuevos responsables de la gobernación del país no las tenían todas consigo, deseaban la República pero se sorprendieron cuando se les vino encima después de tantos años de espera, tras el levantamiento de septiembre de 1868.

Según La Ilustración Popular (03.04.1873), heredero de La Ilustración Federal:

[…] Al triunfar y proclamarse la República, el Gobierno debió pensar que la nueva forma de gobierno iba a tener en su contra a todos los otros Partidos, y que era imposible que descansara sobre una administración realista, un clero realista, una magistratura realista y un Estado Mayor General realista, aunque con destacados miembros republicanos. El Gobierno debió pensar que estas gentes, fundidas en un solo pensamiento, nada harían por sostener la República, antes al contrario, trabajarían con todas sus fuerzas para desacreditarla y destruirla.

¿Qué era preciso para librarla de tan grave mal? […] Sobre el Ejército, no habríamos dado puesto ni mando a jefes que han fusilado a nuestros herma-nos queridos; para esto, habríamos repasado las hojas de servicio y no habríamos nombrado sino a aquellos que no se hubieran pronunciado nunca –algunos hay en el Ejército– y aunque pocos, serían buenos y leales. Pero nada de esto ha sucedido.


Dificultades manifiestas para la buena gobernación

Al comenzar a gobernar, los republicanos afrontaban la evidente y expectante inquietud del Ejército además de una desesperante situación financiera: déficit presupuestario de 546 millones de pesetas, 153 en deudas de pago inmediato y solo 32 para cubrirlas. Se estrenaban pues con una crisis.

 Xilografía de Estanislao Figueras, presidente del Poder Ejecutivo de la República española.

Xilografía de Estanislao Figueras, presidente del Poder Ejecutivo de la República española.

Por otro lado, era evidente que Figueras, presidente del Poder Ejecutivo, no lograba el control ni la subordinación de la mayor parte de los mandos superiores del Ejército, menos aún la situación de anarquía reinante que alarmaba a todos y muy especialmente a los militares, pues, entre otras causas, las distintas tendencias políticas republicanas, se mostraban incapaces de formar un bloque monolítico contra las fuerzas radicales y monárquicas. El no conseguir unidad de mando y un solo criterio, demostró a los enemigos de la nueva situación, la incapacidad de sus líderes de llevar adelante tan ambicioso proyecto, lo que puso de manifiesto su debilidad.

Mientras tanto, los partidos políticos se movían por los intereses particulares de sus respectivos jefes, quienes con alardes de escepticismo hacían presagiar un triste porvenir para el desarrollo pacífico de la nación. Desde el mismo día 11.02.1873, fecha de la proclamación republicana, el Partido Radical, los progresistas y cimbrios –llamados constitucionales– y los uniónistas, comenzaron a conspirar contra el orden establecido, a causa de sus desenfrenados apetitos. Los septembrinos (1868), monárquicos de ocasión, al ver que no contaban con un rey, juzgaron oportuno proclamar la República, persuadidos de que les sería fácil apoderarse de la situación en pocos días, como de hecho intentaron el 24 de febrero, que si bien no pasó de ser una ridícula intentona golpista centrada en la plaza de toros, puso en evidencia los propósitos de aventureros políticos como los héroes de Alcolea y los asesinos del cuartel de San Gil. Constitucionalistas, radicales y amigos de última hora se refugiaron en Francia tras la disolución de la Junta permanente de la Asamblea al grito de ¡Viva la República una e indivisible!, dando comienzo a la conspiración.

Proclamación de la República en las calles de Madrid la noche del 11 de febrero, dibujo de Vierge en Le Monde Illustré.
Proclamación de la República en las calles de Madrid la noche del 11 de febrero, dibujo de Vierge en Le Monde Illustré.

Los habituales instigadores de pronunciamientos militares llegaron a la conclusión de que no era posible ni oportuno intentar un golpe contra el régimen, al menos de momento, por lo que cambiaron de táctica, aunque manteniendo la actitud de las “espadas levantadas”, de ahí que el Gobierno se decidiera a expurgar las filas de militares abiertamente contrarios a la nueva situación.

Distintas percepciones sobre la proclamación de la I República

La Voz de Cuba (supuesto periódico más reaccionario del siglo XIX ) dice el 13.10.1873 que “La proclamación de la República se había producido, a pesar de todo el bullicio y euforia política, dentro de un clima de escepticismo” del que formaban parte los militares, quienes además, habían sufrido las primeras muestras de indisciplina de sus soldados, cuyos únicos deseos eran la desaparición de las quintas y licenciarse cuanto antes. Momento en que la nueva situación política comenzaba a devorarse a sí misma.

Días después de la proclamación de la República, La Convicción, católico monárquico carlista dirigido por Luis María de Llauder (1), llevado por un comportamiento defensivo, verdadera táctica militante, insiste en sus conspiraciones. Recomienda a los alfonsinos que no confíen en que la llegada de la República y su consiguiente caída, acelerasen la restauración monárquica; compadece a los militares que ven destrozada su disciplina interna y al mismo tiempo, arremete contra los oficiales liberales de los que desconfía abiertamente por considerarlos de tendencia republicana, al contrario de otras opiniones que consideraban a los más jóvenes orientados hacia la Monarquía, mientras que entre los generales es donde había que buscar a los realmente proclives al sistema republicano.

La Convicción era representativo de lo que más tarde será una constante de los conservadores: la utilización del Ejército basándose en la “disciplina” y el “orden” frente a la revolución. En estos primeros días de la República, es difícil encontrar un solo ejemplar en el que no se lamente de la situación en que se encontraban, a quienes moteja de “afligidos militares”.

Evidentemente, esta invitación a la autocompasión, encubría la subversión y el golpe militar que es lo que realmente pretendían sus redactores.

Por otro lado, con ocasión del nombramiento del general Hidalgo de Quintana para un elevado puesto y aprovechando las escasas simpatías de este militar artillero entre sus compañeros (estuvo al lado de los sargentos sublevados en el cuartel de San Gil), La Convicción invita a los artilleros, en campaña contra los carlistas, a olvidar esa disciplina que otras veces añoraron.

Por el contrario, cuando el periódico republicano federal La Igualdad declara en uno de sus números que es partidario del restablecimiento de la disciplina en el Ejército, el independiente La Verdad, lo acusa de estar realizando una política hipócrita, atacando primero a los militares y a su organización militar y después, cuando los necesita contra los carlistas, intentando restablecer la disciplina, sin profundizar en que la falta de la misma y el bajo espíritu militar, no eran sino consecuencias del descontento y abandono al que se tenía condenados a los militares, en cuyo colectivo, además, los privilegios y desigualdades existentes, eran realmente los que estaban matando el espíritu militar.

Bajas producidas en las distintas Armas, Cuerpos e Institutos

Independientemente de aquellos que solicitaron su baja voluntaria –pocos inicialmente–, se llevó a cabo, si no una purga general, si una discreta al dar de baja a mandos especialmente señalados como poco o nada simpatizantes con la República. Así, fueron apartados de sus destinos no pocos jefes y oficiales de historiales brillantes, relevados por otros simpatizantes e incluso militantes del Partido Republicano.

A pesar de que el Ejército sufrió grandes cambios, podemos considerarlo como el único estamento que tuvo la facultad de mantener sus principios, bien que con esfuerzos, ante los avatares políticos, esgrimiendo una autoridad capaz de liquidar juntas, milicias y voluntarios de la libertad, aplastar la insurrección republicana federal un año después y sobre todo, mantener el orden y la unidad de la patria.

cuadro-i

cuadro-ii

cuadro-iii

cuadro-iv

Fuente de los cuadros: Investigación y elaboración propia realizada con documentación del Servicio Histórico Militar, Archivos Militares de Ávila, Simancas y Memorial de Infantería, prácticamente orientado en esa época a publicar exclusivamente la colección legislativa, decretos y órdenes circulares.

Las bajas causadas en Infantería (I) fueron importantes, hasta el extremo de que resultaron descabezados los regimientos, pues de 467 mandos (de comandante a coronel) causaron baja 347.

En Caballería (II), el Arma con más raigambre monárquico, de 107 jefes (de comandante a coronel), causaron baja 87.

En la Guardia Civil (III), de 83 mandos (incluidos 2 generales), solo causaron baja 39.

En Carabineros, de 53, causaron baja 44.

En el cuadro (IV) observamos que los mandos superiores registraron un sensible incremento y no porque realmente fueran necesarios, sino para tenerlos relativamente contentos.

Independientemente de las destituciones forzosas, el cambio político tan radical y el estado de guerra en las provincias de Cataluña, Vascongadas y Navarra, fueron las causas de que muchos jefes y oficiales en desacuerdo con la nueva situación, solicitaran la separación del servicio activo, dando lugar a una comunicación (Circular 106/28.02.1873) en la que se instaba a los jefes de cuerpo se hiciera constar en las hojas de servicio de aquellos cuya solicitud no estuviera suficientemente justificada, el motivo de la petición, con objeto de que los retirados no pudieran apoyarse en sus servicios para obtener nuevas colocaciones. Al día siguiente, la Circular 113/01.03.1873, derogaba la R.O. de 21.11.1871, la disposición de 20.05.1869, comunicando que el número de jefes y oficiales que podían permanecer en la situación de supernumerario sin sueldo, no rebasaría en ningún caso la vigésima parte del personal del cuadro orgánico en Infantería, la duodécima en Caballería y Artillería y la séptima en todos los demás Cuerpos e Institutos.

Los separados del servicio fueron considerados como desafectos y conspiradores, cuando en realidad lo que no querían era el separatismo al que veían abocada la República Federal, por lo que se mantuvieron en contra del régimen, creando un estado de conciencia colectivo que provocó en no pocos de ellos el paso a las filas de los conservadores y alfonsinos e incluso a las de los carlistas, pues no entendían el motivo por el que se vieron arbitrariamente tratados.

 

Autor: Mariano Aguilar Olivenza. Coronel retirado del Cuerpo general de las Armas (infantería). Es toda una autoridad en materia de historia militar y defensa. En su larga trayectoria como militar ha ejercido, entre otros cargos, el de Jefe de Prensa del Estado Mayor del Ejército, en el Servicio Histórico Militar, fue miembro del Instituto Español de Estudios Estratégicos, etc.

Aparte de los numerosos libros publicados sobre temática militar, ha colaborado en periódicos de tirada nacional como Pueblo, Diario 16 o El País. Respecto a publicaciones especializadas en defensa, ha dirigido, entre otras, FAS Fuerzas Armadas, Reyelía. Fue coordinador general y redactor de la emblemática Defensa, además de redactor y colaborador en otras muchas.

Notas:

(1) La Convicción, que solo se publicó hasta 1873, llegó a ser una verdadera tribuna desde la que personalidades católicas relevantes de la época pretendieron organizar un periodismo combativo.

(2) La circular hacía mención a la R.O. de 27.12.1859, promulgada por Isabel II con motivo de la Guerra de Marruecos (1859-1860).

(3) Para el pase a la mencionada situación eran necesarios 4 años de antigüedad, no pudiendo regresar al servicio activo antes de transcurrido un año, reservándose el Gobierno la exigencia del obligatorio reingreso en caso de guerra.

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