Simón Bar Kojba o el “hijo de la estrella”. La segunda revuelta judía contra Roma (132-135 d.C.)

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Sesenta años después de la finalización de la llamada Gran Rebelión Judía contra el Imperio Romano, acaecida entre los años 66 y 74 d. C., cuyo clímax fue la destrucción de Jerusalén y la toma de la fortaleza de Masada por parte de Roma, iba a estallar en la provincia romana de Judea otra rebelión que marcaría el devenir del pueblo judío, cuyo causante directo fue el mismísimo emperador de Roma, que por entonces era Adriano, quién visitaba la provincia en uno de sus numerosos viajes consolidando las fronteras del Imperio.

 

Origen de la revuelta

Las causas del estallido de la revuelta nos vienen dadas en las fuentes que tenemos para la sucesión de los acontecimientos que, sin duda, convulsionaron a la región durante un periodo de tres años. Afortunadamente, poseemos tanto fuentes romanas como judías. De las primeras, contamos con el testimonio de Dión Casio que en su obra Historia Romana (libros LXVII al LXIX), culpa directamente al emperador de la decisión de construir y fundar una nueva ciudad en donde antes se levantaba la antigua

Jerusalén cuyo nombre fue bautizado como Aelia Capitolina y la construcción en la cima del llamado Monte del Templo, antiguo lugar del destruido Segundo Templo Judío, de un templo dedicado a Júpiter. Otra obra de carácter romano de la que tenemos constancia, es la llamada Historia Augusta, una colección de biografías de emperadores romanos a partir de la muerte de Trajano. En lo que nos concierne (Hist. Aug. Vita Hadr. 14, 2), sólo encontramos el testimonio de que la causa de que se rebelaran los judíos fue por la prohibición del rito de la circuncisión, en la que el emperador consideraba que era una bárbara forma de mutilación, testimonio también recogido por Eusebio de Cesarea en su Historia Eclesiástica (H.E. 4, 6). En cuanto a las fuentes judías, nos encontramos con el Midrash, una especie de método de interpretación que en este caso reconoce como fiables las aportaciones de los historiadores romanos, en especial en lo concerniente al tema de la circuncisión.

Jerusalén cuando recibió el nombre de Aelia Capitolina
Reconstrucción de la vida en Jerusalén cuando ésta recibió el nombre de Aelia Capitolina. Imagen de Carole Raddato.

Por tanto, estas dos medidas, la fundación de Aelia Capitolina y la prohibición de la circuncisión, no sólo en Judea sino en todo el Imperio Romano, fueron las desencadenantes de la revuelta. A esto, debemos de contar que Jerusalén era la base de la legión X Fretensis, que ya había participado en el asedio de dicha ciudad en el 70 d.C., y que en aquel tiempo parece ser que tomó como emblema a un jabalí o incluso un cerdo, posiblemente éste último, ya que Eusebio de Cesarea menciona que Adriano colocó un ídolo de cerdo a la puerta de la ciudad (Crón. HY 20), provocando graves molestias a los judíos cuya religión prohibía tanto el consumo de cerdo como la adoración a ídolos falsos, si bien el cerdo identificaba a la ciudad y no a la legión que la ocupaba.

 

Los judíos se preparan para la guerra

Cuando Adriano partió para Egipto, no fue consciente de la gravedad de sus medidas en Judea. Por ello, los judíos, aprovechando la ausencia del emperador, empezaron a preparar concienzudamente la revuelta y se pusieron en manos de un cabecilla llamado Simon Bar Kochba o Kojba cuyo nombre de Kochba o Kojba significaba “estrella” y afirmaba ser descendiente del rey David. Tal supuesta descendencia de tan ilustre linaje fue apoyada por el rabí Akiva ben Yosef, la máxima autoridad religiosa del momento quién lo proclamó como el nuevo Mesías. La figura de Bar Kojba tiene casi más de mito que de realidad y las referencias que tenemos de él las encontramos en el Talmud, los manuscritos del Mar Muerto y en algunas fuentes romanas, pero aunque la información es escasa coinciden en señalarlo como un hombre valiente y temperamental, con vigor y don de gentes, que se llamaría a sí mismo como nasí o príncipe.

 

Victoria devastadora de Simon Bar Kochba

Los preparativos de la rebelión duraron casi un año, pero sus efectos serían devastadores. En la primavera de 132 d. C., según Dión Casio: “la agitación se había extendido por toda Judea” (Hist. Rom. LXIX, 13) con los judíos empezando a derribar ídolos romanos, en especial el famoso ídolo de cerdo y recibiendo ayuda de otras comunidades judías, especialmente las situadas al este del Eúfrates. Con estas premisas y casi sin previo aviso, la revuelta estalló por toda la provincia romana pillando a las dos legiones estacionadas, la citada X Fretensis con sede en Jerusalén y la VI Ferrata, acampada en Caparcotna, en la región de Galilea, ambas situadas en el interior, por sorpresa, en la que la X Fretensis sufrió numerosas bajas aunque, por fortuna, algunas cohortes ubicadas en otros lugares y en Cesarea, junto con el águila de la legión, escaparon a la masacre. El gobernador de aquel momento, Quinto Tineo Rufo, pudo salvarse del estallido de la revuelta al tener su sede en Cesarea pero la situación se tornó inesperadamente muy delicada para los romanos.

Adriano, que después de su viaje a Egipto, se dirigió a Siria y después a Grecia, fue informado de la rebelión estando en el país heleno cuando ya la revuelta había alcanzado su fase inicial, en la que los rebeldes, liderados por Bar Kojba, usaron tácticas combinadas para luchar contra los romanos basadas en la guerra de guerrillas y posteriormente, cuando los romanos comienzan a tomarse en serio la revuelta, en campo abierto debido a la superioridad judía en cuanto al número de efectivos. No obstante, la guerra de guerrillas fue exitosa para los judíos, cortando las líneas de suministro del ejército romano y tomando ciudades a lo largo y ancho de Judea, incluyendo la capital Jerusalén, para establecer las bases de operaciones, empleando las llamadas cuevas-escondite creadas en cantidades ingentes en prácticamente todos los centros de población judíos con el objetivo de resistir la superioridad romana, interconectadas entre sí y utilizadas también para el almacenamiento de víveres. Se emplearon sistemas de escondite en las colinas de Judea, norte del Néguev y también en Galilea, Samaria y en el valle del Jordán. Esto propició que los judíos alcanzasen un éxito parcial incluso aniquilando a una legión (la XXII Deiotariana), aunque este hecho no está probado, ya que no es recogido en el testimonio de Dión Casio, que estaba al mando del gobernador de Siria Publio Marcelo.

 

Severo llega a Judea

El emperador, informado de los hechos, por fin tomó una decisión drástica. Llamó a uno de sus mejores generales, Sexto Julio Severo, gobernador por entonces de Britania y le ordenó que rápidamente se trasladase a Judea con tropas auxiliares procedentes de la isla, entre ellas la I cohorte Hispanorum, y que fuera reclutando legiones del este en su camino. Adriano, además, le otorgó plenos poderes con los que actuar en su nombre.

Denario de plata acuñado por Bar Kojba
Denario de plata acuñado por Bar Kojba. En el anverso dos trompetas con la leyenda: “por la libertad de Jerusalén. En el reverso, una lira y leyenda: “segundo año de la redención de Israel”. Imagen de IsraelXKV8R.

Cuando Severo llegó a Judea en el verano de 133 d. C., se encontró con una peculiar situación en la que Simón Bar Kojba prácticamente había creado un estado independiente y autónomo, estableciendo su cuartel general en Bethar, al suroeste de Jerusalén, acuñando incluso monedas con la leyenda en hebreo de “Simeón, príncipe de Israel” o “la libertad de Israel” y en el que las autoridades judías habían tomado posesión de las propiedades y tierras públicas confiscadas por los romanos y los funcionarios del llamado nasí las arrendaban a su nombre. Además, Severo tuvo que reforzar las dos legiones estacionadas en Judea, en especial la X Fretensis, con la concesión de la ciudadanía romana a marineros e infantes de marina, tripulantes de la tropa de Miseno que le habían llevado a Judea e incluso nombró al prefecto de la I cohorte Hispanorum, Marco Censorio Corneliano, como centurión jefe de la legión.

Con estas premisas, durante los dos años siguientes, se inició una cruenta y duradera guerra. Con Bar Kojba controlando casi toda la provincia, los romanos se emplearon a fondo para sofocar la revuelta mediante una estrategia que consistía en ir con pequeños destacamentos, en vez de grandes contingentes de tropas en campo abierto, para interceptar pequeñas agrupaciones de judíos, capturarlos y dejarlos morir de hambre. Para ello, Severo tuvo que contar con más tropas y mandó que las legiones III Cyrenaica, procedente de Bosra, ubicada en la actual Siria y la III Gallica, con sede en Rafanea, en el sur de Siria, se presentasen en la provincia. Junto a estas dos legiones, el general romano contó también con la ayuda de algunos destacamentos procedentes de la legión IV Scythica, situada en Zeugma, Siria, y de otros destacamentos de otras legiones que, por desgracia, no tenemos constancia exacta de cuales fueron.

Busto Adriano tras vencer a Bar Kojba
Busto de Adriano descubierto en Tel Shalem, conmemorando la victoria sobre Bar Kojba. Museo de Israel. Foto de Carole Raddato.

La estrategia de Severo surtió efecto, lo que propició que los disidentes judíos se escondiesen en las miles de cuevas que había en la región, tal y como se recogen en los descubrimientos arqueológicos de cartas escritas en papiros en donde encontramos instrucciones y órdenes promulgadas por Bar Kojba a sus subordinados. Aun así, los romanos se las ingeniaron para que, en un alarde de tesón y paciencia, pudiesen no sólo localizar a los rebeldes sino sacarlos de los escondrijos, construyendo pequeños campamentos cercanos a las entradas de las cuevas, en especial las de Nahal Hever, que acogieron a la cohorte I Miliaria tracia. Por otro lado, otras tropas romanas recuperaron aldea tras aldea hasta un total de 985 y consiguieron matar a nada menos que 580.000 judíos, según relata Dión Casio (LXIX, 14) en un periodo de casi tres años en un proceso, sin duda, de limpieza étnica. Durante este tiempo no se libraron batallas de especial importancia salvo quizás la denominada batalla de Tel Shalem, a raíz del descubrimiento de restos arqueológicos de un arco romano de triunfo, fragmentos de un busto de Adriano y un campamento legionario perteneciente a la legión VI Ferrata en la zona.

 

Asedio de Bethar y dramático fin de la revuelta

Por fin, en la primavera del año 135 d. C., a los romanos sólo les quedaba capturar Bethar, el cuartel general de Bar Kojba. Antes de la última ofensiva, Adriano retiró a algunas unidades auxiliares que serían trasladadas a Capadocia para luchar contra los alanos y en su lugar llegaron destacamentos de la legión V Macedonica, con sede en Troesmis, actual Turcoaia, en Rumanía y de la legión XI Claudia, acantonada en Durosturum, la actual Silistra, ciudad de Bulgaria. Con estas fuerzas, junto a las ya citadas líneas atrás, Severo comenzó a asediar la fortaleza de la misma manera que Flavio Silva hizo en Masada setenta años antes, es decir, rodear a los judíos mediante un muro exterior de casi 4 kilómetros para cortar con las comunicaciones y posibles suministros que los judíos pudieran obtener del exterior. Aun así, según el Midrash, Bethar albergó la increíble cifra de 200.000 judíos pero, a pesar de ello, los romanos, tras conseguir construir una rampa al sur de la fortaleza sobre un risco rocoso que la conectaba con las montañas que se extendían en la misma dirección, consiguieron sitiar el lugar antes de que acabara el verano y tomaron Bethar, posiblemente a principios de septiembre, justo en el día en el que según la tradición tanaítica se conmemoraba el aniversario de la destrucción del Primer y Segundo Templo de Jerusalén, es decir el 9 de Av, rindiendo a sus habitantes por hambre y sed según Eusebio de Cesarea (HE, IV, 6), aunque muchos de sus defensores fueron ejecutados y se vivió tal sed de sangre que en el Talmud de Jerusalén se recoge que: “los romanos tenían tales ansias de matar que hasta las fosas nasales de sus caballos estaban sumergidas de sangre” (Tal. 4: 5, 24a-b).

Muros en ruinas de la antigua fortaleza de Beitar. Imagen de Buckvoed.
Muros en ruinas de la antigua fortaleza de Bethar. Imagen de Buckvoed.

Se cree que Bar Kojba murió en el asedio y tal circunstancia, junto con la derrota frente a los romanos, fue tomada por los judíos como el fin de las esperanzas mesiánicas de liberarse contra el yugo romano, lo que hizo que muchos de sus contemporáneos cambiaran su nombre por el de Simón Bar Koziba que significa el “hijo de la mentira”. Las consecuencias de la fallida rebelión fueron bastante duras para los judíos, que se les prohibió poner pie en Jerusalén, se les expulsó de su tierra natal, se cambió el nombre a de la provincia romana de Judea por el de Siria-Palestina y se persiguió a los judíos, sufriendo martirio entre ellos el rabí Akiva ben Yosef. A partir de entonces Judea dejó de ser una provincia conflictiva para Roma y los pocos judíos que sobrevivieron se trasladaron a Galilea, la zona que menos había sido sacudida por la revuelta.

 

Autor: Marcos Uyá Esteban, es licenciado en Historia y licenciado en Antropología Social y Cultural por la Universidad de Granada. Autor de más de una docena de artículos sobre el mundo romano, en especial en el ámbito militar, y del libro Legiones romanas en Caledonia: Agrícola frente a Calgaco. En los dos últimos años también ha publicado trabajos sobre el mundo persa del periodo sasánida en cuestiones militares, moneda y religión. Actualmente es miembro de la Sociedad Española de Iranología, siendo uno de los organizadores del V Congreso que se celebró en la ciudad de Granada en el 2015.

 

BIBLIOGRAFÍA:

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Dando-Collins, S.: Legiones de Roma: la historia definitiva de todas las legiones imperiales romanas. Madrid: la esfera de los libros 2012. 4ª edición.
Johnson, P.: Historia de los judíos. Barcelona: ediciones zeta bolsillo, 2006.
Soggin, J. A.: Nueva historia de Israel. De los orígenes a Bar Kochba. Bilbao: editorial Desclée de Brouwe, 1999.

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