La batalla de Mons Graupius significó el epílogo de una serie de campañas, un total de siete, que llevaron a Roma en la isla de Britania a los confines del mundo conocido. Tras duras y fatigosas marchas por parte del ejército, la construcción de fortalezas y calzadas, la lucha contra el clima y las escaramuzas por parte de los habitantes del norte de la isla, conocidos como caledonios en la región de Caledonia, aunque eran una serie de tribus que muchas veces se interconectaban entre sí, por fin, en el año 83 d. C., los romanos, al mando de uno de los mejores generales del momento, Cneo Julio Agrícola, iban a librar una de las más épicas batallas que las legiones romanas recordarían, además de ser la batalla más septentrional de la historia del Imperio Romano. Veamos como ocurrió. Batalla de Mons Graupius

Las fuentes de que disponemos para el desarrollo de la batalla, provienen casi exclusivamente de la narración de uno de los historiadores romanos más conocidos, Cornelio Tácito, autor, entre otras obras, de Agrícola, que casualmente era su suegro y a la sazón gobernador de Britania. En el texto (Agr. 29-37, 5), el historiador realizará un alarde de oratoria con el propósito de señalar a su suegro como el héroe romano frente a la resistencia caledonia y representar la batalla como una épica lucha. Siguiendo a Tácito, sin embargo, poco antes de librarla, Agrícola recibiría una mala noticia. Su hijo, nacido el año anterior, fruto de su relación con su esposa Domicia, falleció a causa de una enfermedad, hecho que entristeció mucho al gobernador, que a pesar de su fortaleza, le costó levantarse de aquel golpe recibido. La única causa que animó a Agrícola para superar su depresión, era la inminente batalla final contra las tribus de Caledonia, en la que así utilizaría su liderazgo como modo de distracción a tan terrible pérdida. Batalla de Mons Graupius

 

Prolegómenos Batalla de Mons Graupius

Los prolegómenos de la batalla comenzaron en el verano del 84, año de la séptima y definitiva campaña. Tras años en el que el enemigo se servía de escaramuzas y de ataques sorpresa que diezmaban a su ejército, el gobernador optó por llevar al enemigo a una batalla decisiva en campo abierto en la que el ejército romano estaba seguro de ganar. Con este fin, Agrícola reuniría a todos sus efectivos para perseguir al enemigo. Por ello, Agrícola envió a su flota, la llamada classis britannica, con la orden de saquear indiscriminadamente las costas y difundir un terror general entre sus habitantes, operación que se conoció como terror incertus, con el propósito de generar miedo entre los caledonios, a modo de preparación de lo que se les avecinaba. Este tipo de táctica no era frecuente que el gobernador la utilizase, pero era muy consciente de la importancia que podría tener la misma para posteriormente conseguir una victoria decisiva sobre el enemigo. Quizás, también la influencia de la muerte de su hijo pudo pesar para tomar esta decisión. En este caso, Tácito (Agr. 29, 1-2), alaba la actitud de su suegro, y lo apunta en su haber como un mérito estratégico. Mientras tanto, Agrícola avanzaba con su ejército al lugar exacto del encuentro con los caledonios, posiblemente, aunque no está aún demostrado, en el llamado sitio de Bennachie.

Dibujo del siglo XIX en el que se ve al líder caledonio Calgaco arengando a sus tropas antes de la decisiva batalla de Mons Graupius.
Dibujo del siglo XIX en el que se ve al líder caledonio Calgaco arengando a sus tropas antes de la decisiva batalla de Mons Graupius.

Seguidamente, la narración de Tácito (Agr. 29, 3- 32, 4) se centra en la figura de Calgaco. Muy poco, por no decir nada, se sabe de él. Era a la sazón el jefe de todos los caledonios, comparable a un Vercingetorix en la Galia, y es llamado Galdus en la Crónica de los Reyes de Escocia. Tácito lo describe como un líder que destacaba del resto por su valentía y coraje, eficaz y carismático (Agr. 29, 4). Sin embargo, se discute la autenticidad de este líder en cuanto si realmente existió, ya que pudo ser una invención del propio Tácito para dar a entender, a los que leyeran su obra, que Roma, y en concreto Agrícola, se enfrentaban a un enemigo formidable, idealizándolo de manera contundente, pero a la vez intencionada. Aun así, hubo de existir algún líder por parte de los caledonios, pero lo que no sabemos si ese honor correspondió a Calgaco, quién por otra parte, fue el que supuestamente realizó el discurso de arenga hacia sus tropas antes de la batalla.

El discurso que Calgaco hace a las tropas caledonias (Agr. 30-32, 4), seguramente fuera totalmente inventado por Tácito, ya que los romanos, que apenas llevaban unos pocos años en Caledonia, no conocían aún la lengua nativa. Aun así el discurso que dirigió a sus tropas es grandioso, lleno de ardor y energía, inusitadamente conmovedor, aludiendo a un patriotismo inapelable y a la agresión por parte de Roma a la que se enfrenta en una batalla decisiva. Según Tácito, los caledonios acogieron el discurso con alegría, con canciones de guerra, aullidos salvajes, con una gran algarabía, envalentonados y claramente motivados para la batalla. (Agr. 33, 1).

Mientras tanto, Agrícola, que llevaba la armadura de oficial de alto rango, con la banda escarlata de legado atada a la cintura y la capa púrpura de comandante en jefe sobre los hombros, pensó en brindarles a sus hombres un discurso para que recordasen qué hacía aquí y porqué habían venido a luchar. El discurso fue acogido por los soldados con gran entusiasmo y dejando claro que con su actitud ansiaban la batalla. Era necesario conseguir una victoria definitiva, pasar al ataque sin compasión y acabar con los caledonios de una vez por todas. Batalla de Mons Graupius

 

Estatua de Cneo Julio Agrícola en las termas de Aquae Sulis
Estatua de Cneo Julio Agrícola en las termas de Aquae Sulis, la actual Bath (Somerset, Inglaterra).

Fuerzas enfrentadas Batalla de Mons Graupius

En cuanto al número de contendientes por parte de ambos bandos, es difícil establecer una cantidad exacta. Se estima el número de unidades romanas en unas veinte mil (Agr. 35, 2), pero esto plantea problemas de interpretación. Primeramente, Agrícola había dado órdenes explícitas sobre las posiciones de las tropas en el campo de batalla. En primer lugar, la infantería auxiliar avanzaría en la primera línea y estaba compuesta por 8.000 auxiliares, repartidos en ocho cohortes, seguidos de 3.000 jinetes de las seis alas auxiliares que ocuparían los flancos, un total de 11.000. La segunda línea estaría compuesta por las unidades de las legiones IX Hispana, es decir, con 5.248 hombres y también estaban presentes algunas cohortes de la II Adiutrix, acuartelada en Deva, ubicada en la actual Chester y de la XX Valeria Victrix, acantonada en Inchtuthil, que posiblemente enviaron cuatro cohortes cada una, en total unos 4.000 soldados. La cifra nos daría, si sumamos 11.000 unidades auxiliares y 9248 legionarios, un total de 20.248 hombres, muy cercana a la cifra que Tácito nos da. Pero hay un problema, y es que la caballería de reserva del propio ejército de Agrícola, que constaba de cuatro alas, no había sido contada, y esto supone unos 2000 auxiliares más, lo que nos da la cifra de 13.000 auxiliares. Si añadimos a que era una práctica general disponer del mismo número de efectivos tanto en las tropas auxiliares como en las tropas legionarias, la cifra subiría a unos 26.000 efectivos. Aun así, las cifras son meras conjeturas, por tanto, aproximadamente el número de efectivos en el mando romano estaría entre los 20.000 y 26.000 hombres.

Por su parte, el ejército caledonio contaba, según Tácito (Agr. 29, 4) con unos 30.000 mil efectivos, cifra objeto de controversia al igual que su composición, que en contraste con el ejército romano, no sabemos nada acerca de la misma. Ni siquiera se sabe a ciencia cierta de qué tribus provenían, aunque sí es seguro que ni mucho menos estaban representadas todas las tribus de Caledonia ya que algunas permanecieron neutrales. Muchos autores dan por exagerado el testimonio de Tácito sobre el número de combatientes caledonios, dando por hecho que la población de aquella época difícilmente sobrepasaría los 30.000 habitantes en el área donde se desarrolló la batalla. Sin embargo, hay un dato que nos puede hacer cuestionar la tendencia a la baja de las cifras del ejército caledonio. Un pasaje de Tácito (Agr., 29, 4), alude a que antes de que Calgaco y Agrícola pronunciasen sus discursos a sus soldados, el historiador calculaba que ya había unos 30.000 caledonios a los que iban cada vez sumándose más y más guerreros, principalmente jóvenes, hasta tal punto que Agrícola vio que sus legionarios y auxiliares eran claramente inferiores en número.

 

Despliegue

Una vez que Agrícola y su ejército, llegados al lugar de la batalla (objeto este de discusión durante décadas por parte de arqueólogos e historiadores), e informado el general del número de caledonios que podrían presentarse, estimó que el ejército enemigo podía contar con suficientes efectivos para un ataque frontal en masa, y a la vez, flanquear sus dos alas de caballería. Por ello, ordenó ensanchar la línea para que ésta se extendiera por un espacio más amplio en la llanura, ya que la infantería auxiliar era experta en este tipo de situaciones. El tema del ensanchamiento de la línea posiblemente tuviera que ver con el uso del enemigo de los carros de guerra provistos de guadañas, en la que los auxiliares podrían responder con más flexibilidad a los problemas que podrían causar estos carros en vez de las legiones, que operaban de manera más cercana y estrecha con la utilización de la famosa testudo o tortuga. Por su parte, los caledonios también se preparaban para la batalla en una formación que, en principio, les proporcionaba una gran ventaja gracias a la topografía elevada del terreno. Pero eran tan numerosos que sus primeras filas estaban de pie en el llano mientras que el resto permanecían, con un número cada vez mayor, a lo largo de una colina, en una formación curvada conocida como convexa acies. Mientras tanto, varias docenas de carros de guerra con sus respectivos aurigas, llenaban el centro de la llanura, haciendo un estrepitoso estruendo en un intento de intimidar a las líneas romanas.

Reconstrucción de un carro tipo covinnus, descrito por Tácito.
Reconstrucción de un carro tipo covinnus, descrito por Tácito.

 

Chocan las líneas Batalla de Mons Graupius

El primer choque, según Tácito, “se combatía a distancia” (Agr. 36, 1), y es difícil dilucidar quién empezó primero. Se sabe que la primera línea romana formada por los auxiliares poco a poco se acercaba a la primera línea caledonia. Mientras tanto, los carros caledonios empezaron a cargar y sus pasajeros bajaron de un salto para lanzar sus jabalinas a la vez que los centuriones de la primera línea auxiliar romana ordenaron a sus hombres que lanzasen sus pila (jabalinas) lo que parece darnos a entender que los romanos pudieron arrojar primero sus pila, ya que el alcance de las mismas era superior al de las jabalinas caledonias. La respuesta de los guerreros caledonios fue incluso sorprendente ya que según Tácito: “con tenacidad y destreza, evitaban o rechazaban nuestros proyectiles utilizando enormes espadas y escudos pequeños” (Agr., 36, 1). Tras este empate técnico, Agrícola, con un toque de trompeta, mandó que las seis alas de caballería cargasen contra los carros caledonios, manteniendo cuatro escuadrones de reserva. Los jinetes espolearon a sus caballos para avanzar haciendo una carga eficaz contra los carros caledonios, ya que empezaron a retroceder hacia sus líneas, mientras perdían a algunos de sus mejores hombres. Pero la carga fue un espejismo ya que las dificultades del terreno hicieron estancar a los caballos romanos, cuyos jinetes lucharon por su vida en vista de que centenares de guerreros caledonios y algunos carros se les echaron encima. La infantería auxiliar romana, por su parte, se había abalanzado hacia la infantería caledonia. Tras algunos titubeos e intercambios de golpes, finalmente la mayor pericia y experiencia romana se fue imponiendo, quienes motivados por sus comandantes a caballo, “empezaron a repartir mandobles, a propinar golpes con los salientes de los escudos, a herir los rostros y, tras matar a los que habían quedado en la llanura, a enderezar el combate monte arriba…” (Agr. 36, 2). Batalla de Mons Graupius

mapa de la batalla de mons graupius
Batalla de Mons Graupius. Mapa cortesía de HRM Ediciones.

Pero a pesar de esta ventaja romana, muchos guerreros caledonios aún no habían entrado en combate y Calgaco, viendo la oportunidad de rodear a los auxiliares romanos, inferiores en número, ordenó a sus guerreros que corrieran ladera abajo para flanquear a los romanos y atacarles por la retaguardia, en un momento en que los auxiliares estaban encajonados debido a que se encontraron, de repente, aplastados por los flancos de las alas de caballería, que tenían problemas por la complicada orografía del terreno. A pesar de ello, Agrícola, con sangre fría, no se inmutó cuando vio como miles de guerreros caledonios se lanzaban contra la retaguardia de sus auxiliares. Con una orden directa y exacta, sus cuatro escuadrones de caballería que le quedaban de reserva salieron a toda prisa hacia los caledonios que ya alcanzaban la espalda de las cohortes auxiliares. Este fue el golpe decisivo de la batalla. Los guerreros caledonios, envalentonados en intentar derrotar a los auxiliares romanos, no se dieron cuenta de la carga siendo aniquilados y masacrados desde atrás. El resto de combatientes y carros que quedaban huyeron colina arriba persiguiéndoles no solo los escuadrones de reserva de la caballería romana, sino el resto de la caballería. Así, obligaron a la infantería caledonia a entregar las armas e hicieron muchos prisioneros, pero entonces, según Tácito (Agr., 37, 2) los jinetes romanos vieron a otros guerreros caledonios huir hacia su encuentro y para impedir que sus primeros prisioneros se escaparan, los mataron y fueron en busca de aquellos guerreros aterrorizados que iban a abalanzarse sobre ellos. Los caledonios que aun luchaban, viendo que todo estaba perdido, huyeron a todas partes rumbo a los bosques cercanos en grupos dispersos (Agr. 37, 5). La caballería auxiliar y posteriormente la infantería auxiliar los persiguió sin demasiado éxito. Una vez caída la noche, ésta cesó y los romanos volvieron a su campamento con una gran victoria sobre sus hombros. Con el amanecer, se reveló la naturaleza e importancia de la victoria. El campo de batalla estaba lleno de cadáveres y “por todas partes hubo silencio, las colinas desiertas, las casas humeando a lo lejos…” (Tác., Agr. 38, 2). Era un paisaje triste y desolado, y Agrícola, que había mandado a sus batidores a buscar a algún superviviente del ejército enemigo, no encontró ni un alma en decenas de kilómetros a la redonda.

mapa de la batalla de Mons Graupius
Batalla de Mons Graupius. Mapa cortesía de HRM Ediciones.

 

Consecuencias Batalla de Mons Graupius

Tácito estimó el número de bajas por parte de las tribus caledonias en diez mil y la de los romanos en sólo trescientos sesenta, todos auxiliares (Agr. 37, 5), a excepción de un joven prefecto llamado Aulo Ático. Para las pérdidas por parte del ejército romano es posible que Tácito, para demostrar que la victoria romana fue fulminante, estimara a la baja la cifra total de muertos en el bando romano y no contara ni a heridos ni a desaparecidos.

¿Qué pasó con Calgaco? Realmente es un misterio. Se supone que cayó en la batalla, ya que no disponemos de referencias posteriores de su persona, pero si se identifica con Galdus, el vigésimo primer rey de los escoceses, según la Crónica de los reyes de Escocia, su muerte fue natural y está enterrado dentro de la parroquia de Kirkmabreck, en un cairn o túmulo de piedras, de forma cónica, que recibe el nombre del “mojón santo” debido a la trascendencia de este personaje.

La victoria de Agrícola no fue completa ya que el verano acababa, era septiembre, y la temporada de campañas también, con lo que muy a su pesar decidió que era hora de volver a los cuarteles del sur, y poco después fue llamado por el emperador Domiciano a Roma. Los caledonios habían sido sometidos pero no conquistados y ese hecho, por desgracia para los romanos, jamás llegaría a ocurrir. Batalla de Mons Graupius

 

Autor: Marcos Uyá Esteban, es licenciado en Historia y licenciado en Antropología Social y Cultural por la Universidad de Granada. Autor de más de una docena de artículos sobre el mundo romano, en especial en el ámbito militar, y del libro Legiones romanas en Caledonia: Agrícola frente a Calgaco. En los dos últimos años también ha publicado trabajos sobre el mundo persa del periodo sasánida en cuestiones militares, moneda y religión. Actualmente es miembro de la Sociedad Española de Iranología, siendo uno de los organizadores del V Congreso que se celebró en la ciudad de Granada en el 2015.

BIBLIOGRAFÍA: Batalla de Mons Graupius

Breeze, D. J.: Roman Frontiers in Britain. London: Duckworth, 2007.

Campbell, D. B.: Mons Graupius AD 83. Rome´s battle at the edge of the world. Oxford: Osprey Publishing, 2010.

Coby, P.: Agricola Conquers Nothern Britain: A Study of the Roman Military Mind. Tunstead Publishing, 2010.

Hanson, W. S.: Agricola and the Conquest of the North. London: Batsford, 1987.

Uyá, M.: Legiones romanas en Caledonia: Agrícola frente a Calgaco. Zaragoza: HRM ediciones, 2015.

 

 

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