¿QUIENES ERAN LOS ESCITAS?

Los escitas fueron un pueblo nómada indoeuropeo que habitó las estepas entre Europa oriental y el Asia Central, y que alcanzó su apogeo entre los siglos VII y III a.C. Su origen pudo estar en las tierras centrales del Asia entre el mar Caspio y el lago Baikal, donde se encuentra la Reglón de Tuva. Hacia el el siglo VIII a.C. se extendieron en dirección al oeste, donde crearon una floreciente cultura en las tierras septentrionales del Mar Negro, Allí entraron en contacto con las colonias griegas.

La investigación de los escitas atiende tanto al grupo de pueblos nómadas que se desplazaban por las estepas euroasiáticas, en los que se centra la exposición del MARQ, como a aquellos que se sedentarizaron en las fértiles llanuras ucranianas del Mar Negro en contacto con el mundo griego. Dado que no dejaron textos escritos la información que de ellos se dispone procede de la arqueología y de contados documentos, griegos o chinos, en tos que existen referencias a su cultura. La fuente escrita mas importante sobre los escitas la proporciona el historiador griego Heródoto (s. V a.C.), que dedica el libro IV de sus “Historias” a relatar sus costumbres.

Los escitasLa sociedad escita se estructuraba en torno a una aristocracia de guerreros jinetes, conocidos por su habilidad para disparar el arco mientras cabalgaban, lo que les hizo especialmente temidos por sus contemporáneos. De los restos materiales propios de los escitas destacan sus tumbas o kurganes en forma de grandes túmulos con ricos ajuares, su espectacular orfebrería en oro y las realizaciones metálicas con una tématica que atiende sobre todo a la representación de animales salvajes. En Tuvá se ubica el túmulo de Arzhan (s. IX-VIII a.C.) una construcción funeraria de auténticos caudillos que se vincula con los tiempos propios de la conformación de la cultura escita.

Aquí haremos un repaso por la exposición sobre los escitas “Los tesoros de Tuvá”, en el Museo Arqueológico provincial de Alicante. Tiene gran interés por haber sido un pueblo de fama guerrera archiconocida, empleándose como mercenarios y constituyendo una de las mejores caballerías de su tiempo.

El contenido de la exposición Escitas, Tesoros de Tuvá, resulta de las campañas de investigación arqueológica desarrolladas por el Instituto de la Cultura Material de San Petersburgo entre los años 1973 y 2007. Estos trabajos de investigación han sido dirigidos por Vladimir Semenov y Marina Kilunskaya, comisarios científicos de esta muestra que se presenta en el MARQ y que reúne hallazgos localizados en yacimientos al aire libre, cuevas, lugares funerarios y santuarios con Arte Rupestre de tos territorios de Tuvá y de la cuenca del Minusinsk.

Los primeros trabajos fueron desarrollados en la zona hoy bajo las aguas de la presa Sayano – Shushensk, donde antes de su construcción discurría el valle del río Yenisei, conformando un espléndido entorno virgen con una fauna muy rica.

En los mismos emplazamientos de los yacimientos arqueológicos o antiguos campamentos residían los tuvanos modernos, quienes vivían al igual que sus antepasados, dedicándose a la ganadería y a la caza; y de modo que la etnografía constituía una excelente forma de investigación. Los objetos que se muestran proceden del área afectada por la presa y de actuaciones posteriores, resultado de seguimiento arqueológico de grandes obras e infraestructura, desarrolladas en otras partes de la República de Tuvá. En los últimos años se ha prestado una especial atención a la investigación del arte rupestre, donde se recogen motivos que hacen de Tuvá una referencia internacional.

 

 

TOORA DASH

El yacimiento arqueológico de Toora-Dash fue descubierto en 1977 por V. Semenov, quien lo excavó entre los años 1977 y 1984. En la actualidad se encuentra bajo las aguas de la presa de Sayano-Shushensk. Contenía una importantísima acumulación de sedimentos aportados de manera sucesiva por las crecidas del río Yenisey, conformando una estratigrafía de capas aluviales estériles o con materiales arqueológicos desde el Neolítico hasta la Baja Edad Media.

Del Neolítico hay restos de tumbas de forma circular, y por encima de las mismas, de hogares alrededor de los cuales se disponían restos de animales cazados, útiles en sílex y hueso y fragmentos de recipientes cerámicos con la decoración impresa característica. Esos hallazgos hacen considerar que este campamento instalado en la misma orilla del Yenisey se componía de chozas con un hogar central.

Por encima del nivel de chozas del neolítico, en el yacimiento hay restos materiales propios de las gentes ganaderas de la denominada Cultura de Afanesievo (Eneolítico) y de la posterior de Okunevo (Edad del Bronce) con la que se relaciona el hallazgo de una cabaña circular con espacios para el culto y un hogar central. En Toora-Oash también hay evidencias de la misma época de los escitas y de los tiempos de los hunos y sármatas.

Veamos pues por fechas y temáticas algunos de los objetos allí expuestos:

 

PALEOLÍTICO

Los primeros pobladores (Homo erectus) llegaron a la región de Tuvá en el Achelense, hace 200.000 – 150.000 años. En la exposición hay hachas de mando y útiles grandes elaborados sobre cantos hallados en el yacimiento de Torgalik.

36Las primeras industrias del Musteriense se remontan a hace 100.000 años, cuando en el territorio de Tuvá habitaron grupos de neandertales. Como en Europa los útiles de esa etapa media del paleolítico se elaboraron con una técnica específica que se conoce como “técnica levallois” que asegura una forma predeterminada en la talla de las lascas. Son del Musteriense útiles hallados en el río Sagli, en el suroeste de Tuvá; y neandertales son también los restos del niño de Teshik-Tash (Pamir) donde la fosa funeraria fue rodeada con un cercado de cuernos de cabras monteses entrelazados.

El paleolítico superior el se la época de la aparición del hombre moderno, hace unos 25.000 años, reconociéndose las primeras manifestaciones artísticas con las que cabe vincular al colgante en hueso de forma geométrica y con decoración a base de círculos hallado en la gruta del río Kuylug- Jem. En esta gruta se han distinguido tres fases datadas mediante el carbono 14 en el 25- 15.000 años antes del presente. En el transcurso de su excavación se registró un buen número de restos de fauna, resultado de la caza de ciervos, cabras siberianas y osos que practicaron sus habitantes en el entorno de la cueva.

NEOLÍTICO

En la región de Tuvá, donde la práctica de la agricultura y la ganadería se reconoce a partir del Eneolítico o Edad del Cobre, se identifica al Neolítíco por la presencia de recipientes en cerámica. Las manifestaciones neolíticas más antiguas de la región se encuentran en el Yenísey Superior y proceden de las excavaciones realizadas entre 1973 y 1984 en la gruta de Kuylug-Jem y en el campamento de Toora-Dash, en la misma ribera del río Yenísey, yacimientos ambos que, se supone, fueron ocupados de manera estacional por los mismos grupos humanos.

32La cerámica con decoración impresa se remonta al V milenio a.C. Con la base redondeada y la superficie tratada mediante alisado, los recipientes más característicos son de tamaño medio (altura 25-30 cm y diámetro sobre los 20 cm). Son también del Neolítico las puntas de flecha en silex insertadas en astiles elaborados con alisadores de piedra; y los rascadores y raspadores también en silex usados en tareas vinculadas a la peletería. De hueso, las gentes del Neolítico disponían de arpones para cazar y de finas agujas para coser. Los hilos se extraían de la lana, de tos tendones de anímales y del cáñamo. Perforando colmillos de animales salvajes (oso, maral o ciervo siberiano) conseguían finos colgantes para el adorno personal.

ENEOLÍTICO

A mediados del III milenio a.C. en la meseta Sayano-Altaica aparecen gentes nómadas y ganaderas procedentes de las estepas de Europa Oriental, donde estaba difundida la cultura de las Tumbas en Fosa (pit grave). Los portadores de esa cultura conocían el uso de la rueda para el transporte y desplazaban carros tirados por bueyes. Portaban utensilios de cobre, y en la búsqueda de ese metal se adentraron hacía el Este a través del corredor de la estepa de Eurasia hasta alcanzar la meseta Sayano-Altaica donde se establecieron asimilando a la población neolítica previa. Los recién llegados trajeron consigo rebaños de animales domésticos.

7La cultura creada por esos forasteros indoeuropeos recibe el nombre de Afanasievo, En lo material, se caracterizan por guijas decoradas, elaboradas puntas de flecha en sílex, por distintos elementos en cobre y por una cerámica que integra recipientes ovoides de base redondeada o apuntada, decorados con cordones e impresiones de instrumento mediante líneas horizontales y en zíg-zag, y formas especiales como los pebeteros tetrápodos que se usaban para quemar sustancias olorosas y triturar el ocre en los ritos funerarios. Enterraban a sus muertos en tumbas excavadas no muy profundas cubiertas por un túmulo de tierra rodeado de lajas de piedra. Los enterramientos normalmente son individuales y en ocasiones dobles o colectivos. Durante el Eneolítico empezó a desarrollarse el Arte Rupestre, reflejo de nuevas creencias resultado de las nuevas formas de vida basadas en la práctica ganadera y minera, donde destacarán grandes representaciones de toros de rasgos muy esquemáticos.

EDAD DEL BRONCE

La Edad del Bronce se caracteriza en Tuvá por la Cultura de Okunevo (inicios del II milenio a.C.) que resulta de la evolución de la Cultura de Afanasievo en el ambiente regional. En lo material la Cultura de Okunevo se caracteriza por recipientes cerámicos de fondo plano y decorado, así como por las espléndidas realizaciones de arte mueble como las de hueso que se encuentran en ámbitos funerarios, en las que mediante grabado se representa a la mujer con el rostro, el pelo liso y suelto, pendientes y el contorno del cuerpo. En bronce existen un variado conjunto de elementos como los de armamento, entre los que destacan puñales planos con mango, cuchillos y puntas de lanza, los útiles, como las agujas y las leznas y los adornos como los pendientes.

Las gentes de la Cultura de Okunevo enterraban a sus muertos en sepulcros individuales, dobles o múltiples en tumbas cubiertas por un túmulo de piedras. Un complejo funerario puede integrar hasta 15 túmulos. En relación con los túmulos funerarios se han identificado lajas rectangulares, muchas de ellas con representaciones sagradas grabadas. En el área del Minusinsk, se conocen más de 200 de estas lajas en posición vertical.
El Arte rupestre de la Edad del Bronce resulta de la fusión de las Creencias de los forasteros donde destacaba la divinidad del toro y la neolítica de los indígenas donde el oso y el alce eran los amimales más representativos. El sincretismo de estas concepciones llevaron a la aparición de complejas representaciones grabadas en las que destacan máscaras con los cuernos del toro y los hombres cabeza en forma de seta.

BRONCE FINAL

En los finales del II milenio a.C., llegó a la cuenca Minusinsk una segunda oteada de indoeuropeos vinculados a la Cultura de Andronovo,, que manejaban carros tirados por caballos. La influencia de esas nuevas gentes provocaron que surgiera a partir del sustrato indígena una nueva cultura denominada Karasuk y que en Tuvá se llama de Mongun-Taiga. Los enterramientos de este período en Tuvá se hacen en cistas cubiertas por túmulos, rodeados por un anillo de lajas de piedra al que llegan hiladas a modo de radios, todo lo que en planta recuerda a las ruedas de un carro, pudiendo significar su construcción un motivo solar. Los escitas

Con estos monumentos funerarios se vinculan las estelas de ciervo, monolitos de piedra que quieren emular el cuerpo de un ciervo identificándose bien el cinturón y el cuchillo hacia la mitad de su desarrollo. Estas estelas cubiertas por grabados en forma de ciervos, perdurarán en los primeros tiempos desarrollo de la Cultura de los Escitas. En arte rupestre del final de la Edad del Bronce, la imagen del toro irá perdiendo fuerza en beneficio de las representaciones de ciervos.


LA CERÁMICA ESCITA

La cerámica es otro de los objetos de la cultura material que podemos conocer gracias al contenido de los ajuares funerarios de los túmulos. De los primeros momentos de la cultura escita se conocen pocos restos ya que las tumbas (sepulcros de Aldy-Bel) se caracterizan por la ausencia de cerámica. Tan sólo aparecen en los terraplenes de los túmulos, por encima de las tumbas, como testimonios de los banquetes funerarios. Se trata de ollas en forma de tarro con líneas de acanaladuras en la parte alta del recipiente, que se asemejan a los primeros recipientes tártaros de la cuenca de Minusinsk.

29En etapas más avanzadas de la cultura escita, a partir del siglo V a.C., vemos cambios en los enterramientos, que corresponden con seguridad a transformaciones en la sociedad escita. Los túmulos se hacen colectivos y se aprecian modificaciones en los ajuares funerarios: la cerámica toma protagonismo ahora, depositándose 1 ó 2 recipientes por cada inhumado. Con casi toda seguridad, la inclusión de cerámica se encuentra relacionada con la ofrenda de alimentos al difunto, tal y como ocurre con los recipientes de madera, que comparten con la cerámica el espacio de la tumba.

 

EL ADOLESCENTE DEL TÚMULO DE SARYG-BULUN

La indumentaria y los elementos propios de los primeros nómadas de Tuvá se reconstruye a partir del estudio de los materiales localizados en los túmulos no saqueados de Sarig-Bulun (s. VI aC.) y Suglug-Jem I (s. IV-II aCX), situados en la orilla derecha del Yenisei Superior. En el primero de ellos los elementos orgánicos se conservaron de un modo excepcional, de modo que en una de las inhumaciones pudo documentarse bien la indumentaria de un joven de unos 13 ó 15 años de edad compuesta por pantalones y una prenda superior con mangas, elaborados en piel, con el pelo hacia la parte interior. Los escitas

27No se encontraron restos de calzado ni de ningún tipo de tocado, acaso porque el ritual de inhumación de un joven no los incluyera. El muerto conservaba la piel del rostro y mostraba signos de que le hubieran cortado la cabellera A su lado se encontró un arco de madera de abedul y un carcaj de piel con 10 flechas sujeto a un cinturón de piel con elementos de bronce. Las puntas de las flechas son de bronce (7), de hueso (1) y de madera (2).

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LOS AJUARES FEMENINOS

En inhumaciones de mujeres se han identificado una serie de objetos que resultarían característicos de los ajuares femeninos. En un pequeño saco de cuero a modo de neceser, bordado con oro y piedras y adornado con aplicaciones de piel, se recogía un conjunto determinado de objetos de bronce, como el espejo, el cuchillo de cocina, la aguja y la lezna. Agujas y leznas se portaban en un recipiente especial a modo de alfiletero que consistía en un tubo de bronce o hueso cerrado en ambos extremos por hierba. Los escitas

Los adornos femeninos se realizaban en oro y bronce, reconociéndose perfectamente pendientes y colgantes. Los collares se hacían con colmillos de animales, a veces decorados, y con cuentas de collar de piedra y vidrio. Las mujeres portaban cinturones hechos con tiras de piel decoradas con conchas de cauri, colmillos de ciervo perforados y diferentes tipos de amuletos de hueso, Los cinturones se abrochaban con hebillas de bronce o de hueso. En las inhumaciones femeninas a veces se pueden encontrar armas, lo que significa el alto status de la mujer en la sociedad nómada.

En las inhumaciones masculinas se encuentran los elementos que integran el armamento escita. Uno de los objetos más característicos es el akinakes o puñal de bronce fundido o de hierro martillado con el mango adornado por figuras de animales reales -jabalí, carnero o ciervo- o imaginarios, como el grifo. Además, el guerrero escita portaba en la misma vaina que el puñal un cuchillo de un solo filo, con una decoración en el pomo similar a la de aquél o con forma de cabeza de un ave de rapiña o de la pezuña de un caballo.

El hacha de combate en bronce o hierro, insertada en un mango de unos 70 u 80 cm y provista de un contrapeso también metálico resultaba un arma tremendamente mortífera y eficaz en la monta a caballo. En ocasiones el hacha también se adornaba con motivos de animales reales o ficticios, cuya representación evocaba al valor y la energía que caracterizaban al guerrero.

25Con todo, el arco y las flechas resultaban los elementos más comunes del equipamiento bélico del escita que, a diferencia de hachas y puñales, resultaban de fácil manufactura. Elaborados con madera de abedul, los arcos tenían un ancho de unos 4 cm y una longitud de alrededor de 70 cm. En la parte plana e interior del arco se pegaban tendones de animales que luego se cubrían con piel de pescado, todo lo cual proporcionaba al arma una mayor elasticidad. Arco y flechas se portaban en un carcaj de piel. Las flechas, de unos 70 cm de longitud acababan en puntas de bronce o hueso, cuando no se obtenían simplemente apuntando el astil. Los escitas, que abatían su presas sin bajar del caballo, alcanzaron un enorme prestigio como arqueros.

 

Fuentes:

Museo Arqueológico Provincial de Alicante.

“Escitas. Tesoros de Tuvá”, Ed. del MARQ. Varios autores.

Los escitas

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