El 28 de marzo de 1942 los comandos británicos llevaron a cabo una de las acciones más audaces de la Segunda Guerra Mundial. Un grupo de unos 600 hombres, a bordo del destructor Campbelltown y una pequeña flotilla de lanchas logró atacar el puerto fortificado de Saint-Nazaire y dejarlo fuera de servicio.

 

GENÉSIS DEL ATAQUE A SAINT-NAZAIRE

Corrían malos tiempos para una Gran Bretaña acosada. El dominio de los mares era fundamental si los británicos querían continuar en la contienda. Los submarinos U-Boot y los grandes acorazados alemanes Bismarck y Tirpitz ocasionaban terribles pérdidas a la Royal Navy en las aguas del Atlántico. Sin embargo, el 27 de mayo de 1941, la Armada británica logró hundir el todopoderoso acorazado Bismarck.

Quedaba su nave gemela, el Tirpitz. Si el monstruoso buque de guerra lograba hacerse a la mar podía causar graves problemas a la Royal Navy. Los británicos descubrieron que el único puerto con salida al Atlántico donde podía guarecerse el Tirpitz en caso de resultar averiado era Saint-Nazaire, un enclave situado en la desembocadura del río Loira, en Francia.

Para ello, Operaciones Combinadas planeó la destrucción del puerto de Saint-Nazaire. Se aprobó la Operación Chariot y al mando de las fuerzas navales quedó el capitán Ryder, mientras que el teniente coronel Newman dirigiría a los comandos en su incursión en el puerto.

 

EL PLAN

Saint-Nazaire era un puerto fuertemente defendido. Los cañones alemanes custodiaban la entrada al puerto y una nutrida guarnición se hallaba custodiando las instalaciones portuarias y las inmediaciones.

HMS Campbeltown
HMS Campbeltown siendo modificado expresamente para la operación. Se aprecian los blindajes añadidos a babor y estribor. Imagen de Dominio Público.

La solución que propusieron los británicos fue utilizar el viejo destructor Campbelltown como si se tratase de un caballo de Troya moderno. Se recortaron dos chimeneas del vetusto buque de guerra para que de ese modo se asemejase a un buque alemán, la bandera alemana hondearía en el mástil, se aligeró el barco todo lo posible y se introdujeron cuatro toneladas de explosivos en su interior. El capitán Beattie debía empotrar el barco contra las compuertas de la esclusa Normandie, ocho horas después, con tiempo de sobra para que los comandos arrasasen el resto del puerto, las cargas explosivas del Campbelltown estallarían dejando fuera de servicio las instalaciones portuarias.

Una vez los comandos finalizasen su labor de demolición, una endeble flotilla de lanchas de madera los recogería en el espigón viejo para llevarlos de vuelta a Inglaterra.

 

LAS DEFENSAS ALEMANAS

Alrededor de 5.000 soldados se hallaban en Saint-Nazaire y las inmediaciones. Se trataba de tropas de segunda clase acostumbradas a la vida de retaguardia que se encuadraban en la 333ª División alemana. Sin embargo, contaban con buenas fortificaciones y su artillería era temible.

La entrada al puerto estaba cubierta por 13 cañones de 40 milímetros y 28 cañones de 20 milímetros a los que había que sumar varias piezas de 37 milímetros. Por su parte, el 280º Batallón de artillería les proporcionaba soporte con cañones de 75 milímetros e incluso podía abrir fuego con enormes piezas de 280 milímetros montadas sobre raíles.

Cañones antiaéreos alemanes de 20mm defendiendo el puerto. Licencia Commons Creative (CC BY-SA 3.0 DE).
Cañones antiaéreos alemanes de 20mm defendiendo el puerto. Licencia Commons Creative (CC BY-SA 3.0 DE).

La entrada del Campbelltown y su flotilla de lanchas rápidas no sería fácil, pues podía ser iluminado por una gran cantidad de reflectores que habían instalado los alemanes. Dada la fortaleza de las defensas germanas, los aliados se enfrentaban a una misión suicida.

 

LA TRAVESÍA

Los comandos zarparon del puerto de Falmouth el 26 de marzo de 1942 a bordo del destructor Campbelltown y de una flotilla de lanchas de madera. Un submarino avistó a la fuerza de ataque británica, sin embargo, los alemanes no tomaron medidas. Al atardecer del 27 de marzo, los dos destructores que escoltaban al Campbelltown y a las lanchas se retiraron. Los británicos arriaron las banderas alemanas en sus embarcaciones para confundir al enemigo.

Al anochecer, la aviación británica debía efectuar ataques aéreos de distracción, no obstante, la nubosidad dificultó la visibilidad a los pilotos que tuvieron que contentarse con varias pasadas y un bombardeo muy limitado. Los alemanes, alertados, creyeron que se enfrentaban a un lanzamiento de paracaidistas.

 

VIDA O MUERTE EN LOS MUELLES DE SAINT-NAZAIRE

Pasada la medianoche, el Campbelltown y las lanchas llegaron al estuario del Loira. Al abrigo de la oscuridad se acercaron al puerto. El destructor atravesó una serie de bancos de arena en los que estuvo a punto de encallar hasta en dos ocasiones.

A pocos minutos de internarse en el puerto, el Campbelltown fue descubierto. Los reflectores iluminaron el destructor y la flotilla de lanchas que le acompañaban. Se produjeron disparos de advertencia. Los alemanes comenzaron a emitir señales luminosas. Los británicos, gracias a los libros de señales capturados en la incursión en Vaagso (Noruega) lograron engañar momentáneamente a los alemanes y continuaron avanzando.
Los alemanes se percataron demasiado tarde y los cañones tronaron disparando contra las embarcaciones británicas. El Campbelltown, al ser el buque de mayor tamaño recibió la mayoría de los impactos. Los comandos fueron recibidos con un intenso fuego desde las baterías, desde los muelles y desde las embarcaciones que se hallaban ancladas en el puerto.

St. Nazaire, "HMS Campbeltown"
HMS Campbeltown tras empotrarse contra las compuertas de la esclusa de Normandie. Se pueden apreciar los numerosos impactos de proyectil a lo largo de todo el casco. El castigo que recibió fue enorme. Licencia Creative Commons CC BY-SA 3.0 DE.

El Campbelltown logró impactar contra las compuertas de la esclusa Normandie y de su interior descendieron los comandos. Equipados con una gran cantidad de explosivos, los británicos se dispersaron por los muelles y arrasaron cuanto encontraron a su paso. La estación de bombeo que controlaba el nivel de agua de la esclusa Normandie fue volada por los aires, así como las instalaciones que controlaban el cierre y apertura de las esclusas.

Una vez destruidas las instalaciones portuarias, los comandos se dispusieron a retirarse en dirección hacia el espigón viejo, allí se suponía que aguardaban las lanchas para llevarlos de vuelta a Inglaterra. Sin embargo, una vez alcanzaron el espigón viejo, lo único que encontraron fue un mar resplandeciente de petróleo en llamas. Buena parte de las lanchas habían sido hundidas y el resto, al enfrentarse a un diluvio de fuego demasiado intenso emprendieron la retirada.

El teniente coronel Newman y sus comandos habían quedado abandonados a su suerte. Negándose a rendirse, el audaz oficial de comandos propuso salir del puerto, dispersarse por la ciudad y que cada cual escapase por sus medios a través de la Francia ocupada.

Mapa de la Operación. Ilustración del libro "Battle Notes for Wargamers" de Donald Feathstone.
Mapa de la Operación. Ilustración del libro “Battle Notes for Wargamers” de Donald Feathstone.

Los comandos cargaron valientemente a través de Saint-Nazaire, atravesando rápidamente el puente que separaba los muelles de la ciudad. Pero a medida que transcurría el tiempo, las bajas iban en aumento y los alemanes establecían un anillo de acero impenetrable en torno a la ciudad. Los británicos se disgregaron en pequeños grupos por la ciudad, pero no tardaron en ser apresados cuando se ocultaban en los sótanos y bodegas de Saint-Nazaire.

Por la mañana, los alemanes celebraban su victoria y se fotografiaban junto al Campbelltown. Las inspecciones al buque no lograron detectar las cuatro toneladas de explosivos ocultas en su interior y los comandos, pese a ser interrogados, no dijeron nada acerca de la mortífera carga del Campelltown. Algunos oficiales incluso llevaron a sus novias y esposas a visitar el barco.

Mientras el casco del viejo destructor apuntaba al cielo, sobre las 10:35 horas, los explosivos produjeron una monumental detonación. El puerto quedó arrasado y sus instalaciones inservibles. Los comandos, pese a estar en cautividad celebraron haber alcanzado el objetivo de su misión.

Comandos británicos hechos prisioneros. Licencia Creative Commons Bundesarchiv, CC-BY-SA 3.0 DE.
Comandos británicos hechos prisioneros. Licencia Creative Commons Bundesarchiv, CC-BY-SA 3.0 DE.

CONSECUENCIAS

Tal fue la destrucción ocasionada en Saint-Nazaire que el dique seco no pudo ser utilizado por los alemanes el resto de la guerra. Los británicos concedieron cinco cruces Victoria de las cuales dos fueron a título póstumo. De los hombres que intentaron huir a través de la ciudad, solo cinco lograron regresar a Gran Bretaña.

Por su parte, un enfurecido Hitler ordenó la destitución del Comandante del Sector Oeste, el general Carl Hilpert, al tiempo que daba instrucciones para que se reforzasen las defensas de la costa Atlántica. El temible acorazado Tirpiz quedó privado de un puerto donde guarecerse en caso de precisar reparaciones y fue hundido por los bombarderos de la Royal Air Force en Noruega el 12 noviembre de 1944.

Sin duda alguna, la incursión en Saint-Nazaire quedará en los libros de Historia como una de las operaciones más espectaculares y audaces de la Segunda Guerra Mundial.

 

Autor: David López Cabia nació en Burgos en 1986. Tras cursar sus estudios en la Universidad de Burgos obtuvo la Diplomatura en Ciencias Empresariales, la Licenciatura en Administración y Dirección de Empresas y el Máster de Profesorado. Su página web es www.davidlopezcabia.es.

Apasionado de la Historia y en particular de un periodo tan trascendental como la Segunda Guerra Mundial, desde una edad temprana comenzó a interesarse por el mayor conflicto bélico que ha conocido la Humanidad. Debutó como escritor con su novela “La Última Isla” en la cual narra la crudeza del frente del Pacífico. En su segunda obra “En el Infierno Blanco” cambia de escenario bélico y nos traslada a los campos de batalla de Normandía y las Ardenas.

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BIBLIOGRAFÍA

Gran Asalto de Comandos en Saint-Nazaire, Ken Ford.
Operaciones Secretas de la Segunda Guerra Mundial, Jesús Hernández.
Comandos y Raids, Pere Romanillos.

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