Todas estas medidas para pasar desapercibidos a la inteligencia enemiga fueron en cierta parte aprendida gracias a los EEUU. Como todos saben, durante la guerra con Irán EEUU proporcionó ayuda al régimen iraquí, y entre esta ayuda estaba la inteligencia. A partir del 86, la calidad de ésta, tanto en lo que respecta a reconocimiento aéreo, satelital y electrónico, aumentó exponencialmente, llegando a proporcionarse casi a tiempo real. Conociendo los métodos de su antiguo aliado, se desarrollarían las contramedidas para evitarlos.

El cuadro que se les presentó fue el de decenas de escurridizos TEL repartidos por doquier, previamente a la Operación Desert Storm, y que iban a lanzar sus ataques con mucha impunidad.

 

Caza desde el aire

La misión de localizar los Scud iraquíes recayó en lo más moderno del momento. Se desplegaron dos prototipos del E-8A JSTARS, que con sus radares de apertura sintética, podían realizar el seguimiento de vehículos terrestres, recolectar imágenes y envíar mapas tácticos tanto a los puestos de mando como a otros aviones como el F-15E, especializado en la destrucción de los Scud.

También los AWACS, tanto E-2 Hawkeye como los E-3 Sentry, para la localización del origen de fuego, aviones de reconocimiento, RF-4C, los Tornado GR.1A de la RAF y Mirage F1CR franceses. El mítico Lockheed U-2R también estuvo implicado en esta difícil tarea, en su variante más moderna, la TR-1.

El avión de ataque destinado a la caza nocturna de los Scud era el F-15E Strike Eagle, el avión más moderno de toda la campaña. Disponían de los sistemas de visión nocturna y designación láser LANTIRN. El Strike Eagle era sin duda el más adecuado de la coalición para esta tarea, ya que podía permanecer mucho tiempo en el aire, llevar una gran carga de bombas e ir inmediatamente a gran velocidad a dónde se detectara un Scud. También disponía del radar más avanzado, el APG-70, capaz de ofrecer imágenes similares al SAR (radar de apertura sintética) del E-8. Actuaban en parejas, en las cuales el líder llevaba el LANTIRN, más 4 bombas de guía láser GBU-10, y el gregario o bombas de racimo o convencionales Mk 82. No hay que olvidar tampoco los A-6E que también participaron en dichas misiones.

Un F-15E Eagle sobrevolando las zonas montañosas del norte de Irak, en 1999. Bajo las tomas de Aire se aprecian los dos pods del Lantirn, el de navegación y el de designación. Durante la caza de los Scud, los gregarios no levaban el de designación porque era innecesario. Imagen de dominio público.

De día el avión más empleado fue el A-10, aunque también los F-111 y AH-64 Apache que surcaban los cielos podían eliminar los objetivos de manera oportunista. A finales de la campaña los Tornado IDS de la RAF y los F-16L (por el pod LANTIRN que llevaban) también se sumaron.

Debido a la dificultad en la detección de los TEL, se optó por atacarlos tras el lanzamiento, cuando se exponían y era más fácil localizarlos. Los aviones volaban en lo que se conocen como kill boxes, cuadrículas aéreas de unos 50 Km por cada lado, que aunque no estaban los aviones asignados a estas específicamente, solían operar en ellas para familiarizarse con el entorno. Las patrullas aéreas eran continuas a la espera de un lanzamiento y de poder proceder. A pesar de ello, los SAR y LANTIRN se mostraron incapaces de discriminar a los TEL y vehículos de compañía, de los camiones, vehículos y incluso accidentes naturales que habían por la zona. Debido es esto al comienzo de la campaña, de las 42 ocasiones en las cuales se creyó ver un TEL, tan solo en 8 se pudieron adquirir los objetivos lo suficientemente bien como para atacarlos.

Otra técnica que se utilizó desde el aire, más avanzada la campaña, y con mucho más conocimiento de las áreas en las que solían operar, fue el ataque con bombas de racimo CBU-89, sembrando de minas estas zonas y dificultando la movilidad de los TEL.

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