Las Operaciones Especiales en la labor de detección y destrucción

Ante la incapacidad de eliminar tan solo con la inteligencia aérea las lanzaderas de Scud, se optó, no sin muchas reticencias por parte de los EEUU, por enviar equipos de operaciones especiales (SOFs) al terreno para localizar los TEL. Por contra, los británicos llevaban operando con el 22 Special Air Service Regiment desde el 20 de enero de 1991 en el oeste de Irak.

Delta Force Scud hunter
Equipo Delta Force operando tras las líneas enemigas a la caza del Scud.

Los generales Colin Powel Y Norman Schwarzkopf habían desestimado el envío de tropas convencionales al terreno para destruir los Scud. Y la idea de enviar SOFs a la búsqueda del Scud en un terreno de 75.000 Km2 en el oeste de Irak, carecía de sentido para muchos del alto mando norteamericano. Pero las presiones de Israel tras los primeros misiles que cayeron en su territorio, amenazando con enviar inmediatamente F-16 a la zona e invadir por tierra, hizo que el Secretario de Defensa diera luz verde al envío del 1st Special Forces Operational Detachment-Delta (1st SFOD-D), más conocido como el Delta Force.

Los equipos eran infiltrados desde Arabia Saudí, normalmente en MH-53J Pave Low III del 1st Special Operations Wing, o MH-47E del 160th Special Operations Aviation Regiment (SOAR), modelos especializados en la penetración profunda dentro del terreno enemigo gracias a su radar de seguimiento del terreno. También tuvieron que realizar saltos desde aviones de transporte ya que los helicópteros no estaban siempre disponibles debido a la gran demanda de estos.

MH-53J Pave Low III
MH-53J Pave Low III como los utilizados en la infiltración de los equipos de operaciones especiales. Se aprecia la pértiga de reabastecimiento en vuelo, el radomo del radar de seguimiento del terreno para volar a gran velocidad y muy baja altura y el FLIR.

Operaban de noche y se ocultaban de día para evitar ser descubiertos. Recorriendo decenas de kilómetros en sus Land Rover modificados en el caso del SAS o en buggies o Humvees en el de los norteamericanos, en búsqueda de los TEL. En el caso de los Delta Force disponían de mejores informes de inteligencia, actualizados diariamente sobre donde podían estar localizadas las lanzaderas. Por el otro lado, los SAS salían con algunas indicaciones generales previas, por lo que la labor de estas era más difícil. También al principio tuvieron una menor coordinación con la USAF, aunque esto se solucionó más tarde.

SAS británicos en su Land Rover modificado con el sistema MILAN contracarro.

En el caso de encontrarse con algún posible objetivo, se informaba a los equipos del Air Force Combat Control, estos a algún avión AWACS, para luego pasarse a la correspondiente patrulla aérea que estuviera cercana en ese kill box. La localización de noche se realizaba sobre todo tras los lanzamientos, ya que la luz que emitían se veía desde una gran distancia (50 Km), por lo que se dirigían apresuradamente a la zona. La demora entre el aviso y el ataque por parte del avión se prolongaba 50 minutos o más, por lo que en numerosas ocasiones los equipos tomaban la iniciativa y destruían o inutilizaban con sus medios los TEL. Para ello contaban con misiles contracarro como el MILAN, o los fusiles Barret de 12.7mm. Los iraquíes reaccionaron aumentando los convoyes en grupos de 10 o 20 vehículos para ofrecer mejor protección, pero los SAS colocaban minas o explosivos en las emboscadas que les tendían.

Además de las misiones de búsqueda y señalización de objetivos para la USAF, también realizaban evaluaciones de daños tras los ataques, capturaban prisioneros, saboteaban instalaciones, comunicaciones, etc.

 

Efectividad en la destrucción de los vehículos lanzaderas de los Scud

La efectividad en la caza del Scud puede medirse en cuanto a la neutralización de la amenaza. Si bien en los primeros 10 días de guerra se habían lanzado 48 misiles, lo que nos da una media de 4.8 por día, en los últimos 33 de guerra tan solo se lanzaron 40, lo que nos da una media de 1.2. Pero dicha tasa de reducción de lanzamientos puede estar más relacionada, más que a la efectividad de los bombardeos, en los problemas logísticos y de mantenimiento que causan los lanzamientos. Estos fatigan mucho los TEL, y necesitan un tiempo de parada. De hecho, en los últimos días de campaña, la frecuencia de lanzamiento aumenta de nuevo y los TEL se despliegan en nuevos áreas.

Respecto a la destrucción de los TEL, las cifras victoriosas que se dieron al poco de acabar el conflicto tuvieron que desecharse. En su estudio de postguerra “Gulf War Air Power Survey”, el Péntágono reconoce que:

Unos pocos [TEL] podrían haber sido destruidos, pero de ninguna manera los números ofrecidos durante la guerra… no hay prueba indiscutible de que lanzadores móviles Scud -en oposición a los señuelos de alta fidelidad, camiones u otros objetos con firmas Scud- fueran destruidos por aviones de ala fija.

En cuanto a la destrucción de la capacidad de fabricación y apoyo de los Scud, los centros bombardeados en su mayor parte habían sido evacuados, por lo que la labor no fue un éxito.

Si bien han pasado numerosos años y la calidad de los sensores ha mejorado muchísimo, los misiles Scud o balísticos similares siguen planteando un serio problema. En la Guerra de Yemen, Arabia Saudí ha tenido numerosos problemas con ellos, tal y como pueden ver en este artículo:

La vulnerabilidad de Arabia Saudí a los misiles balísticos de Yemen

 

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