(Imagen de portada de Peter Dennis)La Espada Corta Espartana

Dícese, pues, del rey Agis que burlándose un Ateniense de las espadas de los Lacedemonios por ser cortas, y diciendo que los presdigitadores se las tragarían con gran facilidad en sus tablados; “pues nosotros:- le respondió- alcanzamos muy bien con ellas a los enemigos”
Plutarco, Licurgo 19,2.

 

La espada espartana fue un caso especial en la Hélade debido a su longitud, muy escasa, y casi que merecería el apelativo de daga. Pero a diferencia de los diseños de los cascos, que eran en parte condicionados por factores culturales de cada región, las espadas lacedemonias se habían modificado por puro pragmatismo como veremos más adelante.

Este tipo de espada fue utilizada no solo por los lacedemonios, sino por una parte de la tropa de todos aquellos ejércitos influenciados por los espartiatas, como podrían ser sus más firmes aliados en el Peloponeso o la mayoría de mercenarios, procedentes buena parte de ellos de la misma península. Esto último no era algo extraño, ya que tenemos ejemplos similares, como por ejemplo en los escritos de Jenofonte (Anábasis 1.2.16 y Agesilao 2.7), los cuales dicen que los ejércitos de estipendiarios tanto a las ordenes de Agesilao durante su campaña asiática como los 10.000 de Clearco, llevaban túnicas color carmesí, color típico de los hoplitas de Esparta. Es lógico pensar que al igual que se imitaba la vestimenta, e incluso el pelo largo lacónico, el modelo de espada pueda haber sufrido una difusión similar. Sin embargo, nunca reemplazó a la espada griega normalizada de doble filo (xiphos), aunque en ciertas zonas, como en Beocia a comienzos del siglo IV a.C. si que parece haberla sustituido.

 

Origen

La primera referencia que existe de este modelo está en los textos de Plutarco (Moralia 217 E) donde se cita una sentencia de Antálcidas, en la cual este responde a un hombre que le pregunta el porqué de la escasa longitud de las espadas lacedemónicas. Esto se remonta a comienzos del siglo IV a.C. pero por las representaciones sabemos que su uso comenzó en algún punto del segundo cuarto del siglo anterior. Es curioso que las referencias a la espada espartana de Plutarco son con el término encheiridion, es decir, daga.

 

Ejemplar de bronce hallado en Creta.

Características

Por desgracia, salvo algunas representaciones, no nos ha llegado ningún ejemplar hasta la actualidad, sin embargo, si que se conserva una pieza que nos puede ayudar a aproximarnos al modelo utilizado en Lacedemonia. En 1898 se adquirió una espada de bronce en Creta de lo que pudo ser parte de una estatua dedicada por los habitantes de la isla a algún rey o general espartano que luchó en la isla. Con 32.3 cm. de longitud y un peso de 780 gr., el ejemplar es ligeramente más largo que lo que debieron de ser las espadas originales, ya que las proporciones de esta nos hace pensar en una estatua algo mayor que el tamaño de un hombre. La empuñadura no parece haberse facturado separadamente de la hoja que muestra un filo ligeramente dentado. La Espada Corta Espartana

 

En el Combate Hoplítico

Aunque el arma principal del hoplita fue siempre la lanza, no podemos relegar a un uso marginal a la espada. Todo combate por norma general comenzaría con la lanza de acometida al llegarse al combate cuerpo a cuerpo, con las dos o tres primeras filas activas en la lucha, utilizando las largas lanzas para atacar tanto a los enemigos de la primera fila como los que estaban más atrás, e incluso se podía alancear a los que estaban en su diagonal. La Espada Corta Espartana

Aunque la lanza fuera el arma principal del hoplita, esta se solía romper durante el trascurso de la batalla, y esto es algo común en las descripciones de las batallas por los clásicos, especialmente en aquellas de mayor duración y crudeza:

  • II Batalla de Mantinea (362 a.C.)
    “Al principio los espartanos y beocios se atacaron unos a otros con sus lanzas. Pero debido a la cantidad de golpes, la mayoría de las lanzas quedaron destrozadas, entonces combatieron con las espadas.”
    Diódoro Sículo, 15, 86, 2.
  • Batalla de las Termópilas (480 a.C.)
    “En el calor del choque, rotas las lanzas de la mayor parte de los combatientes espartanos, iban con la espada desnuda haciendo carnicería en los persas.”
    Heródoto, 7, 224.

Tras la rotura de la punta de la lanza se podía utilizar el regatón, siendo este de bronce o hierro. Pero si la lanza estaba totalmente inservible, se usaba el arma secundaria, la espada. Esta colgaba de un tahalí, lo que permitía agarrar la espada por la vaina con la mano izquierda tras el escudo mientras se luchaba, manteniéndola preparada para desenvainarla rápidamente en caso de rotura o pérdida del arma principal, pues en mitad del combate unos instantes podrían significar la diferencia entre la vida o la muerte. La Espada Corta Espartana

Cuando el combate se torna muy cercano, una espada corta puede ser más útil que la lanza o una espada larga.

La espada utilizada por el resto de griegos era de un diseño similar, bastante más larga y estilizada, de unos 50 cm, lo cual las hacía menos capaces, incluso algo torpes, para el combate cerrado en falange, usándose más bien cuando la línea de la falange estaba rota o desorganizada, pudiéndose emplear con mayor soltura. Por tanto los combates entre estas falanges, tras desordenarse las primeras filas, y la rotura de bastantes lanzas, debieron de continuar con desorganizados duelos individuales, en los que estas espadas, aptas tanto para golpes de tajo como de estocada, se desenvolvían bastante bien. Podemos hallar ejemplos de esto durante la Batalla del Crimiso o en la obra de Platón:

“Sostuvieron éstos con valor el primer encuentro, y con tener defendido el cuerpo con corazas de hierro y morriones de bronce, y oponer unos anchos escudos pudieron esquivar los golpes de lanza. Mas cuando la pelea vino a las espadas, obra ya no menos de la destreza que la pujanza(…).”
Plutarco, Timoleón, 28, 3.

“(…) no hay mejores ejercicios que los que se hacen con las armas que sirven para la guerra. Son de un gran auxilio en los combates, ya se combata en filas, o ya rotas estas, haya que batirse cuerpo a cuerpo; ya se persiga al enemigo que de tiempo en tiempo vuelve la cara para resistir, o ya que en retirada haya precisión de desembarazarse de un hombre que le ya dando alcance a uno con espada en mano.”
Platón, Laques, 182 A

Lo anterior se opondría a la profesionalidad espartana, o de los contingentes mercenarios, mucho más capaces de mantener el muro de escudos unido, pudiendo atacar a sus oponentes cuando el combate llegaba al cuerpo a cuerpo en las partes desprotegidas como el cuello. Estos ataques se hicieron todavía más efectivos con la paulatina reducción de los elementos de protección, tendencia agravada tras la Guerra del Peloponeso. Por tanto, su acortamiento la hacía más manejable para este tipo de combate, incluso a la hora de desenvainarla, pudiendo apuñalarse con gran soltura. La Espada Corta Espartana

 

Bibliografía

Warfare in Ancient Greece. Michael M. Sage. Routledge, 2003.
The Spartan Army, Nick Sekunda. Osprey Publishing LTD, 1999.
The Ancient Greeks, Nick Sekunda. Osprey Publishing LTD, 2000.
Hoplites. The Classical Greek Battle Experience, VV.AA. Routledge, 1993.
Greek Swords and Swordsmanship, Nick Sekunda. Osprey Publishing LTD
The Wars of the Ancient Greeks, Victor Davis Hanson. Cassel, 1999.

La Espada Corta Espartana

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