El siglo V d.C. fue sin duda una de las centurias más inestables de toda la historia de Roma. Los problemas no surgían de la nada sino que venían atrás en el tiempo, pero es ahora cuando distintos factores exógenos agilizaron la decadencia de toda la estructura imperial y agudizaron los problemas que pronto serían irreversibles para el Estado romano. situación militar en la convulsa Hispania

La penetración y posterior asentamiento de los mal llamados pueblos bárbaros a lo largo y ancho del Imperio generó una serie de cambios irreparables en la estructura administrativa imperial. Estos movimientos y migraciones no eran nuevos, de hecho se pueden atestiguar movimientos similares desde el mismo siglo II d.C. (Sanz, 1999) pero es ahora cuando realmente se presencia la invasión total del limes romano por parte de una amalgama de distintas culturas germánicas y esteparias. situación militar en la convulsa Hispania

En el año 407 la península ibérica sufrió una de estas penetraciones por parte de tres grandes pueblos:

  • Suevos, un conjunto de pueblos germánicos, ocuparían el sur de la provincia de la Gallaecia.
  • Alanos, pueblo de las estepas que posiblemente se vio empujado por el avance de los Hunos. Se unió a esta confederación de pueblos germanos y acabaron ocupando los territorios de las provincias de Lusitania y Cartaginensis.
  • Vándalos, pueblo germano que llegó dividido en dos ramas: los silingos, quienes ocuparían el norte de la Gallaecia; y lo asdingos, quienes finalmente se establecerían en la Baetica.
La división de la península en la primera mitad del siglo V.

Se conoce poco acerca de las estructuras sociales de estos grupos, y menos aún de su composición militar, pues las fuentes de la época (Hidacio, San Agustín, etc) se centraron en el reguero de destrucción y desolación dejado tras el paso de estas gentes. La historiografía ha debatido ampliamente acerca del nivel de violencia empleado por estos pueblos (Ward-Perkins, 2005), pero independientemente del grado de agresión ejercido lo que queda claro es que su paso y asentamiento en los nuevos territorios no pasó desapercibido para los locales, pues como veremos más adelante se generó, al menos en Hispania, todo un fenómeno novedoso en el que la población hispano-romana buscó con ahínco protección frente al invasor. Esta violencia no se debe a que los ‘bárbaros’ eran inherentemente malvados o despiadados, sino que responde a cuestiones socioeconómicas: estas gentes habían convertido el saqueo en un hábito indispensable para asegurar la continuidad de su grupo, pues al ser poblaciones en continuo movimiento el pillaje era uno de los pocos mecanismos económicos que le permitían salvaguardar su estructura social. Esto, a su vez, generaba la militarización de la sociedad.

Los ejército romanos que defendieron el limes hispano de la invasión pertenecían Dídimo y Veriniano, parientes del emperador Honorio (395-423). El usurpador de la época, Constantino III, brindó la apertura a estos pueblos por la Tarraconense (la región que dominaba dentro de la península) con tal de perjudica al emperador y a sus partidarios presentes por el resto de Hispania (Sanz, 1999: 158-160).

Representación Numismática de Constantino III. Autor, CoinArchives. Licencia CC BY-SA 2.5.

¿Que pasó con el resto del ejército imperial repartido por la península? Muchos contingentes militares se desmembraron. Esta desbandada provocó que muchas de estas tropas desertaran y se unieran a una serie de organizaciones militares que nacieron con el propósito de hacer frente a las invasiones debido a manifiesta incapacidad del Estado en sus labores de protección de su territorio. Estas tropas en su mayoría fueron organizadas bajo los paraguas de la aristocracia hispano-romana de los territorios ocupados, pues su fin no era otro que el preservar sus intereses, pudiendo lograr así organizar una defensa frente al invasor.

Estas guarniciones van a ser conocidas como ejércitos privados. No eran simples bandas armadas pues seguían manteniendo la estructura y la fuerza de auténticos ejércitos profesionales, solo que en vez de obedecer a un Estado obedecerían a un dominus, o lo que es lo mismo, a un señor o terrateniente que pagaba por sus servicios (Sanz, 1986: 226).

La composición de estos ejércitos privados era heterogénea, no solo los conformaban antiguas tropas regulares, quienes iban a acabar dirigiendo todo el grueso militar (Sanz, 1986: 245), sino que en sus filas se encontraban gentes humildes provenientes tanto del mundo rural como del mundo urbano, ambos ámbitos adscritos a las posesiones del patronus (Sanz, 1986: 239-241). Estos reclutamientos de rusticani, servuli y otros se realizaba como una prestación (corvea) hacia el señor a cambio de una consiguiente entrega de tierras y de la seguridad que aportaba el aristócrata frente al peligro exterior (Barbero, 1992: 211).

A esto hay que sumar el efecto protector que realizaba esta aristocracia con la población local, pues eran estas familias oligarcas quienes realmente brindarían refugio a todos los que huían del pillaje del los invasores. Estas poblaciones quedarían adscritas a los patronus mediante el mecanismo del patrocinium (Barbero, 1992: 211). Así mismo comienzan a aparecer en los textos una nueva terminología de índole militar que hace referencia a construcciones de carácter defensivo: turri, oppida y burgi (Sanz, 1986: 257-259), edificaciones que reflejan la presencia de una violencia sistematizada en la península.

situación militar en la convulsa Hispania
El rey Don Rodrigo arengando a sus tropas en la batalla de Guadalete, de Bernardo Blanco. Imagen de Dominio Público.

Sin este proceso de independencia aristocrática no se podrán comprender los siguientes siglos de ocupación visigoda, pues cuando éstos se asientan definitivamente en la península e instauren el reino de Toledo se van a encontrar como las antiguas élites hispano-romanas han ocupado el vacío de poder, pues serán estas oligarquías quienes se presenten como garantes y continuadoras del antiguo Imperio. Este proceso se constata claramente en el sur peninsular con la actuación de la aristocracia terrateniente y urbana radicada en torno al productivo valle del Guadalquivir (Castillo, 2006; Salvador, 1990, 2012); pero también se atestigua este proceso en el norte, pues la población asturiana y vasca volverá a quedar descolgada del poder central, siendo éste el germen de futuras estructuras políticas independientes. Todo este proceso no acabará ni con la unificación del reino visigodo a finales del siglo VI bajo los reinados de Leovigildo y Recaredo (Collins, 2005), pues esta aristocracia -ahora también la visigoda- será quien siga detentando un gran poder, hasta el punto de seguir manteniendo ejércitos privados (Salvador, 1990) a las órdenes del dominus y no de la corona, ejércitos que obedecerán siempre antes a su patrón que a la corona, lo cual quedó reflejado de manea simbólica en la espantada de una parte de la aristocracia y sus tropas en la decisiva batalla de Guadalete (711) frente a las tropas arabo-bereberes. situación militar en la convulsa Hispania

Agustín Sánchez García (1994), graduado en Historia por la Universidad de Granada (2016. He realizado algunos cursos como Magin in the Middle age (Universitat de Barcelona, 2017), Constitutional struggles on the Muslim World (University of Copenhagen, 2016) o III Diálogos de Arqueología (2015, Granada), así como he impartido una conferencia “De París a Mosul. El Estado Islámico y la expansión internacional del terror (Bubión, 2016). situación militar en la convulsa Hispania

Bibliografía situación militar en la convulsa Hispania

  • Barbero de Aguilera A. (1992): La sociedad visigoda y su entorno histórico. Siglo Veintiuno España Editores S.A., Madrid.
  • Castillo Maldonado P. (2006): La época visigótica en Jaén. Siglos VI y VII. Universidad de Jaén, Jaén.
  • Collins R. (2005): La España visigoda, 409-711. Crítica, Barcelona.
  • Salvador Ventura F. (1990): Hispania Meridional entre Roma y el Islam. Economía y sociedad, Universidad de Granada, Granada.
  • Sanz Serrano R. (1986): ‘Aproximación al estudio de los ejércitos privados en Hispania durante la Antigüedad Tardía’. Gerión, IV, Madrid: 225-264.
  • Sanz Serrano R. (1999): Las migraciones bárbaras y la creación de los primeros reinos de Occidente. Síntesis, Madrid.
  • Ward-Perkins B. (2005): La caída de Roma y el fin de la civilización. Espasa, Madrid.
  • Wickham C. (2009): Una historia nueva de la Alta Edad Media. Europa y el mundo mediterráneo, 400-800. Crítica, Barcelona. situación militar en la convulsa Hispania

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