Sombras y cenizas. Así pintaba el mundo griego tras la desaparición de Alejandro Magno. Luchas internas entre los diferentes reinos que se formaron tras la muerte del macedonio, desgarraban la ya de por sí fragilidad política. Regueros de sangre emanaban por todas partes. Los griegos estaban al borde del colapso. O reaccionaban o morían. Y Roma de por medio. La Batalla de Pidna

 

EL ASCENSO DE UNA GRAN POTENCIA

Principios del siglo II a. C., Roma, que ha vencido a Cartago en la Segunda Guerra Púnica, se consolida como potencia suprema en el Mediterráneo Occidental dejando a los cartagineses como simples vasallos de Roma. Pero el proceso expansionista romano no tiene fin, necesita saciar su apetito con otras tierras, otras conquistas. Entonces, sus miras se dirigen al Mediterráneo Oriental, concretamente a Macedonia, aliada del gran Aníbal Barca. Si bien los macedonios no habían tomado parte directa en la guerra, fue suficiente para que los romanos tomasen la escusa de intervenir personalmente en sus asuntos.

Filipo V de Macedonia
Filipo V de Macedonia.

Por entonces, Macedonia estaba gobernada por Filipo V, que viendo el creciente poder romano, intentó por todos los medios evitar un enfrentamiento, pero la suerte estaba echada, debía de ingeniárselas para sacudirse la inminente opresión que se le avecinaba.
La primera parada se produjo en Cinoscéfalos en el año 197 a. C., la invasión romana, capitaneada por el cónsul Flaminio, consiguió vencer a las tropas de Filipo V, no por méritos propios, sino por deméritos de su rival, ya que, en teoría, los macedonios tenían una superior disposición estratégica en el campo de batalla, pero una concatenación de errores dio al traste con la posible y esperada victoria. En esta batalla se vio claramente que uno de los elementos que habían forjado la gloria griega, la falange macedonia, empezaba a quedar obsoleta como unidad de infantería militar y que los elefantes, elemento tan característico del mundo púnico, fueron adaptados por Roma, cuyos resultados fueron satisfactorios.
Pero a pesar de esta victoria, los romanos tenían otro frente, concretamente en Asia Menor, en particular con el llamado Imperio Seleúcida, uno de los reinos que se constituyeron tras las conquistas de Alejandro, que tenía puestos sus ojos en territorio europeo y que chocaba con los intereses de Roma. Sin perder el tiempo, los romanos, en dos sendos golpes, Termópilas y Magnesia, derrotaron a los seleúcidas y a su rey Antíoco III. La paz de Apamea del 188 a. C., ratificó la frontera entre Roma y el Imperio Seleúcida, limitando el radio de acción de este último fuera de Europa.

Tras este paréntesis, la ciudad del Lacio retoma sus hostilidades con los macedonios, pero esta vez no iba a ser tan fácil como en Cinoscéfalos. La Batalla de Pidna

 

UNA FALLIDA RECUPERACIÓN

El pretexto fue la ingente agresión territorial y militar que Filipo V, quién quería recuperar el honor de Macedonia, realizó sobre el rey Eúmenes de Pérgamo, ya que al conquistar las ciudades tracias de Enós y Maronia, rompía el precario equilibrio de poder de la zona. Pérgamo envió una embajada a Roma, y los romanos, deseosos de actuar, enseguida instaron al rey macedonio que abandonase su propósito. Éste envía a su hijo Demetrio a parlamentar, mientras que Macedonia se preparaba para la inminente guerra, pero la asombrosa respuesta favorable de Roma, que en ese momento también tenía sus miras en Hispania, pospone la situación. Por desgracia para Filipo V, apenas viviría para contarlo, ya que una conspiración palaciega pertrechada por Perseo, el otro hijo del rey, acaba con su vida y no sólo con ésta, sino también la de Demetrio, que sufre el mismo destino y es llevado hacia los dioses.

Falangita macedonio, con su gorro típico, la kausia, y la sarissa en su mano. Tumba de Agios Athanasios, Grecia, finales siglo IV a.C.

Perseo se convierte en el nuevo soberano macedonio en el 179 a. C.
Durante los siguientes años las relaciones entre Roma y Macedonia, estando Pérgamo en medio de la disputa, fueron languideciendo hasta una insostenible situación. En el 172 a. C., Eúmenes, harto de las intenciones de Perseo sobre Tracia, de nueva ruega a los romanos que intervengan. Finalmente, y tras un intento de atentado hacia el soberano por parte de Perseo, la excusa perfecta que los romanos buscaban para intervenir se hace visible. La Batalla de Pidna

UN TIRA Y AFLOJA

171 a. C., las hostilidades comienzan. Es la llamada Tercera Guerra Macedónica. Roma y Pérgamo establecen una alianza contra Macedonia. Publio Licinio Craso, a la sazón cónsul de Roma ese año, comanda un ejército viendo la actitud defensiva que Perseo adopta. Tras meses de escaramuzas y escarceos parte de unos y de otros y de sus aliados, por fin, en Calicino, se libró la batalla entre ambas potencias. El resultado, victoria macedonia gracias al empleo combinado de la infantería ligera y la caballería pesada y a la desorganización, aquel día, del ejército romano.

Los siguientes dos años fueron un quiero y no puedo por parte de los romanos al enviar cónsules para derrotar al adversario, recordemos que los cónsules eran elegidos anualmente, cuya incompetencia a la hora de hacerlo se mostró patente. Esta pobre estrategia se repetiría dos décadas después en Numancia con idéntico resultado. Sin embargo, en este caso, Roma, por fin, y también gracias a la pasividad de Perseo quién no aprovechó la situación, halló la solución de manera rápida.

El elegido fue Lucio Emilio Paulo, que accedió a su segundo consulado. Su padre había muerto en Cannas y era cuñado de Escipión el Africano, famoso por derrotar a Aníbal en Zama. Con estas premisas y siendo un hombre experimentado, el Senado de Roma le encomendó la misión de poner fin a la guerra y de derrotar a Perseo de una vez por todas. Paulo, a sabiendas de los fracasos anteriores, tornó, en principio, una actitud cautelosa hacia los macedonios. Primeramente se informó de la situación existente en Macedonia, en especial en lo referente a la logística, ejército, alistamiento y abastecimiento para saber qué tipo de tropas enviar. Después, una vez recabada la información, el cónsul parte junto con dos legiones romanas, dos legiones itálicas y unos 1500 jinetes, en total más de 25 mil hombres, para reunirse con las tropas establecidas en territorio griego. La Batalla de Pidna

 

PIDNA SERÁ LA TUMBA

El desarrollo de la campaña y de la posterior batalla lo conocemos gracias a los testimonios de la Vida de Paulo de Plutarco y la Historia de Roma de Tito Livio, aunque del segundo no nos ha llegado a nuestros días. Aun así, la reconstrucción de los hechos es posible también gracias a la aportación de Polibio con sus Historias, y contemporáneo en los acontecimientos, en cuanto a la formación del ejército romano de aquel entonces. Veamos qué ocurrió.

Movimientos de tropas previos a la batalla. Leo Koppelkamm CC BY-SA 3.0.

Cuando Paulo arriba en las costas griegas, se encuentra con un ejército desmoralizado que necesita un urgente entrenamiento y puesta a punto. Una vez realizado esto, diseña, como estratega, un plan de ataque mientras acampa a las orillas del río Elpeo en la zona norte, ya que al sur se encontraban las tropas de Perseo, atrincheradas desde una elevada posición de altura, en un número que ascendía a más de 40 mil efectivos. Este plan consistió en un principio atacar frontalmente, táctica que los romanos empleaban muy comúnmente ya que confiaban en su superior capacidad militar, en la agresividad y en el coraje. Sin embargo, viendo que los pasos hacia la retaguardia macedonia estaban fuertemente custodiados, Paulo comprendió que era muy arriesgado este tipo de ataque y envía 8.200 infantes y 200 jinetes a situarse tras la retaguardia enemiga, mientras que el resto de ejército atacaría de frente, en un movimiento de pinzas. No obstante, Perseo se percató de la jugada y moviliza a parte de sus tropas, 12 mil efectivos, en un intento de detener el avance hacia la retaguardia del enemigo pero, para su desgracia, no consiguieron su propósito, siendo derrotados y forzados a huir hacia Pidna, cerca del Golfo de Tesalónica, sintiendo el aliento romano detrás.

22 de junio del 168 a. C., el escenario final se avecina. Los macedonios, a pesar de haber sufrido una primera derrota, confían en sus temidas falanges. Roma, en cambio, lo hará en la fuerza de sus legiones y en ser consciente de que son mejores en un combate cuerpo a cuerpo. La caballería de ambos bandos esperaría su oportunidad en función de las circunstancias del combate. E incluso el papel de los elefantes de guerra en el bando romano podría ser crucial. La Batalla de Pidna

 

Y TODO POR UNA MULA

El inicio de la batalla correspondió a un hecho insólito. Una mula de aguadores romanos cruza accidentalmente el río y es capturada por tropas auxiliares tracias. Los romanos, en su afán de recuperarla dan muerte a unos de los tracios y éstos, en venganza, comienzan a hostigar a tropas romanas presentes, principalmente velites, que constituían la infantería ligera hasta que cada vez más fueron apareciendo nuevas unidades de ambos ejércitos formando finalmente un orden de batalla.

Mapa de la batalla de Pidna con la disposición de fuerzas. Marsyas CC BY-SA 3.0.

Perseo toma la iniciativa y cruza el río Leuco al encuentro de los romanos, que mandan a los elefantes de guerra, situados en el flanco derecho, a la izquierda de los macedonios, 2.000 jinetes. Los elefantes consiguen desperdigar el flanco mientras que el fragor de la batalla se desarrolla en el centro, en donde las dos fuerzas de infantería, romana y macedonia, vivían un encarnizado combate. Las falanges, con su sarissa, una pica de más de seis metros de largo y utilizada con ambas manos, estaba haciendo estragos a los legionarios romanos ya que su mayor alcance permitía impactar en el cuerpo del enemigo. Pero Perseo, inhábil donde los hubiera, cometió un error estratégico que a la postre sería fatal. Y es que, en vez de rematar a los romanos enviando a la caballería e infantería ligera, llevó a la falange a un territorio accidentado y cuesta arriba, a las faldas de un monte. Esto provocó que la formación, muy compacta en terreno llano, comenzara a desorganizarse debido a la irregularidad del terreno, en especial de sus primeras filas, que empezaron a ser pasadas por la temible espada corta o gladius romano y penetrando, en pequeños grupos, en los espacios dejados por las falanges, que empezaron a ceder y a colapsarse. Fue ahí en donde el legionario romano demostró su superior destreza con las armas y fue el momento culmen de la batalla, con falangitas intentando escapar o siendo matados en su huída. Como resultado, 25 mil griegos dejaron sus vidas en Pidna. Mientras tanto, Perseo huye a Pella con su caballería, que no había entrado en combate, y tiempo más tarde es apresado por los romanos y llevado a la ciudad eterna, donde murió tiempo después. La Batalla de Pidna

 

EL FIN DE UNA ÉPOCA La Batalla de Pidna

Las consecuencias de la derrota fueron nefastas e irreversibles para el mundo griego. La gran Macedonia, que antaño había sido la mayor potencia conocida hasta entonces, va a desaparecer como entidad política y se convertirá en una federación de cuatro ligas republicanas. De los demás estados griegos, éstos prácticamente quedarían a expensas de los dictados de Roma que apenas dos décadas después, en el 146 a. C., los incorporaría bajo su órbita, con la destrucción de Corinto y la conquista de toda Grecia casi que al igual tiempo que la anexión de Cartago. Por si no fuera suficiente, Pérgamo, la otrora aliada de Roma, vería como sería anexionado su reino, por la vía diplomática, en el mismo año de la caída de Numancia, el 133 a. C.

Se terminaba una época, la de los héroes y dioses, la de los grandes estrategas y filósofos, la de la Iliada y la Odisea, la de los mitos y leyendas. Todo esto sería absorbido por Roma, la nueva dueña del Mediterráneo y heredera de la civilización occidental. La Batalla de Pidna

Para saber más sobre la Falange Macedonia, lee este artículo:

La Falange Macedonia

Autor: Marcos Uyá Esteban, es licenciado en Historia y licenciado en Antropología Social y Cultural por la Universidad de Granada. Autor de más de una docena de artículos sobre el mundo romano, en especial en el ámbito militar, y del libro Legiones romanas en Caledonia: Agrícola frente a Calgaco. En los dos últimos años también ha publicado trabajos sobre el mundo persa del periodo sasánida en cuestiones militares, moneda y religión. Actualmente es miembro de la Sociedad Española de Iranología, siendo uno de los organizadores del V Congreso que se celebró en la ciudad de Granada en el 2015. La Batalla de Pidna

BIBLIOGRAFÍA: La Batalla de Pidna

AA.VV.: Técnicas bélicas del mundo antiguo: 3000 a. C-500 d. C. Equipamiento, técnicas y tácticas de combate. Madrid: Libsa, 2007.
Goldsworthy, A.: El ejército romano. Madrid: Akal, 2005.
Sáez Abad, R.: Atlas Ilustrado de la Guerra en la Antigüedad: Grecia. Madrid: Susaeta, 2013.

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